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© Francisco Rueda García

POEMARIOS “ LA DANZA DE LOS TALLOS” O “A VUELAPLUMA UNOS VERSOS”

Autor: Francisco Rueda García (seudónimo P. V. R., Paco Villar Robles)

POEMAS

 

El encuentro



El brillo de unos ojos que se miran
se cruzan al encuentro del camino
la búsqueda casual llamó al destino
un pecho se acelera, otro suspira.

El cántico de Orfeo con su lira
movió en Cupido aljaba, dardo y tino;
la flecha se impregnó de amor divino
herida y corazón a un son deliran.

¿Por qué, mi vida, el lance de tu pelo
me llega, me reduce y me culmina
si en turbia claridad lo cubre un velo…?

Un algo en mi interior hurga y maquina:
leer tu mente, amor, saber tu celo,
y al punto resolver lo que imaginas.


La Octava Maravilla


¡Ves, amada mía, partir la aurora
y al sol naciente de dorados rayos…!
¡Oyes el trino del ave cantora
silbándole a su amor los dulces mayos…!
¡Ves al retoño de la vid que llora
y asperja frescura a los tiernos tallos…!
¡Oyes gemir al viento cuando implora
mostrar tus gasas de asumidos fallos…!

Coturnos elegantes encintados
escalan en tus suaves pantorrillas,
cendales en tu talle aprisionados
seducen desde pechos a rodillas.
Sonrientes hoy las dichas de los hados
culminan con ¡la Octava Maravilla!


Mujer

Tú que engendras de la vida más vida
que das al mundo sentido y energía,
dicha y felicidad del desgraciado,
desdicha del iluso enamorado.
Tú, cenit del amor y el desamor,
hada de romances, musa de romeos,
reina de la vida...
¡Tú, eres ella!


Surrealismo

Arrobo ¡amada mía! tu elegancia

y anhelo la mirada de tus ojos,

tus muecas sonrientes, tus sonrojos

y el halo que despide tu fragancia.


De tul y de rubí muestra la estancia

cendales que insinúan tus antojos

besando sin parar tus labios rojos

seduzco tu pasión y tu arrogancia.


¡Descúbrese una luz, luce un destello...

Es Venus, la más bella de las diosas...!

¡El soplo de su voz capta mi oído,

su cálido candor, dulce resuello,

entona entre canciones melodiosas!

Sobre un nimbo Gala, y  sueño concluïdo.


Castilla

Famélica campiña de Castilla

mi tiempo ha recorrido tu sendero

no sé si de quijote o  de escudero,

postrado a ti reclino mi rodilla.

De rosa de azafrán la canastilla
de pleita y de tomiza el espartero
la trilla dando vueltas con su arriero
y blanca, como un sol, una capilla.

Rugosa la tez, plata en la barbilla,
alba cabellera, mirada huida...
¡Gentes del lugar! ¿Qué mal hemos hecho...?
¡La flor del azafrán es un barbecho...!
¡No hay eras, ni espartales, ni labriegos...!
Y si nadie lo evita, un bar La Ermita.

 

Por tierras del Duero


En esta noche oscura y estrellada
destella sobre La cuerda del pozo
de plata distorsión y tenue bozo
la luna con belleza inusitada.


Silencio sepulcral, calma callada,
corona de dintel, enorme gozo,
librado el humedal del calabozo
se yergue hacia la cumbre abovedada.

Son tierras caminantes de Machado
holladas a lo largo de su historia
que al cerco numantino despechado
a Roma desmerece en la memoria.
Es noche de quietud, cielo escarchado…
de Duero sin molinos y sin noria.

 

Fausto

Bruñidos mazaríes en el salón de baile

reflejan  como espejos holgadas muselinas,

al son de los violines y adagios de ocarinas

la musa danza y danza puntillas en el aire.


Mefisto se le acerca en un salto triunfante

cual joven paladín galán de las meninas,

caída entre sus brazos la musa femenina

descubre al ver su faz la máscara farsante.


Vencido queda el cuerpo inerte en el amante

caídos sus cabellos yacentes hacia el suelo;

el tacto de su piel es suave terciopelo

sus labios dos rubíes , sus ojos verde intenso.

Cerrándose el telón entre el fragor inmenso

Mefisto desvanece a un resplandor, exhausto;

la musa ve la luz, recobra y grita… ¡Fausto!


Romance del mozo arriero


Un ilustre magistrado
a un mozo le sacudía
diciéndole a la sazón:
¡Desgraciado!, bien vendría
que dieras explicación.

El muchacho respondía:
¿Querrá tener la razón
su insistente señoría
sin defensa ni opinión
del que recibe esta ristra?

Ya tardas... cuenta, bribón,
¡sin apartar de mi vista!

Pues resuelva usted, señor:
Abrevaba en la tinada
al ganado con tesón
en ello que se acercaba
la señora del señor.
Ante el gran calor que hacía
en estas palabras dijo:
Mozo, ¿no me sacarías
desde lo hondo del pozo
un pozal de ese agua fría?
Contesté con sumo celo:
Nada más complacería
ni aun tratándose de antojo;
echó pícara sonrisa.
Ya el pozal fuera del pozo
sobre el aro del brocal
sacó un pañuelo bordado
y con gran delicadeza
lo humedeció con sus dedos.
Luego despasó su blusa
librando solo un botón...
¡Qué canalillo a la vista!;
aun mirando al refilón
correspondí una sonrisa.

Propio de obseso mirón.


¡No juzgue su señoría...!
Sin tiempo ni reacción
vi que su dama mojaba
la blusa con tal tesón
que sus pechos me apuntaban,
turbantes, sin compasión,
sin resistirles mirada;
ella bien que lo notó.

Me miraba como obsesa
al bulto del pantalón
y yo le correspondía
a sus pechos de primor.
Sin mediar ni una palabra
la cogí sobre mis brazos...

¡Maldito…! ¿A que resistía...?

¿Resistirse...? Tal su celo
que ni aun queriendo soltarla
hubiese caído al suelo.

¡Basta, animal de granja!

Pues queda oír lo postrero,
y no lo tome a venganza:
La descargué en un jergón,
y tan fuerte me ponía
la mano sobre su busto
que mi torpeza frenaba
desabrocharle lo justo.
Muchacho, ¿qué no te gustan...?
dijo dando un estirón.
Habrá frase más injusta.
Besé sus pechos al punto
mientras le correspondía
con mi diestra entre los muslos;
ella de dulce manera
me abrió las puertas al mundo.


Hundí mi mano certera
entre su jardín de embrujo
al tiempo que ya notaba
sus esencias, sus influjos.
Mordí sus protuberancias
con suave tacto y anhelo
y mi locura crecía
con su humedad en mis dedos:
ella aún más su puerta abría.
Prisioneros nuestros cuerpos
de gozos y de alegrías,
fricciones, ayes y aprietos,
fueron amor, fueron vida...

¿He de pensar por tu cuento
que la que creí forzada
buscó con saña tu encuentro...?

Juzgue bien su señoría
si son punibles mis hechos
y dé descanso a esa estaca
haciendo en mí gran provecho;
que buenos surcos me dejan
por hacer lo que no debo.

Hágase pues la justicia
de tamaño desenfreno
dejando quieta la vara
y resueltos estos cuernos.


La camarera

Un tímido mador brilla en su piel

de dulce juventud inmaculada,

las greñas de su pelo ensortijadas

caídas en desorden por la sien.

Descubren dos botones el sostén

mostrando sus bellezas ajustadas,

me lanza erubescente una mirada

el tono de su cara es un buriel.

Pregunta qué me sirve de comer

-y piensan mis adentros, más quisiera…-,

respondo que a su antojo lo que quiera.

Sonríe, pasa adentro, sale fuera;

engullo mis dos platos y un pastel.

Ahitados gusto y vista, hicieron pista.


Heraldo de cuentos


Pregunto si es poeta aquel que escribe
sus versos sin cadencias ni conciertos.
Y me contesto: heraldo es el que vive
lanzando sus misivas a los vientos.

La poesía capta, agrada... inhibe,
aprende de fracasos y de aciertos;
mas pobre del iluso que persigue
ser bardo sin apenas sentimientos...

¡Poeta arruinado, dónde tus cuentos!
¿En el tocón del árbol de una encina...?
¿En el zafio portón de una letrina...?

Qué más dará, mientras la mente escriba,
versar en la carrasca o en retrete
será el  sentir del pueblo o su membrete.

 

Rocinante


De todos los caballos cuya fama más retuvo
el flaco Rocinante les  ganó siempre en contiendas;
gallardo zahorí, morro sin par en las meriendas,
maestre en adaguar y en paja y grano nunca lo hubo .

Tozudo como el burro por senderos bajo y subo,
sus cascos resonaban ya en castillos ya en haciendas;
curtido en varapalos entre arrieros y moliendas,
ningún jinete andante más leal jumento tuvo
desgarbado y competente, patoso y corajudo.

El Magno con Bucéfalo, Babieca con el Cid,
cabalgando van por Asia, trotando van por Burgos;
el dócil Rocinante por los llanos busca lid.
¡Ah, bellezas arrogantes...! El flaco y orejudo
que fuera rocín antes, os venció sin existir.

 

Estaciones

Si ver el campo verde es primavera
y almendros cuya flor será su fruto
será porque el invierno viste luto
y abono y humus es su calavera.
Si la mies de oricalco reverbera
y el trillo es arrastrado por el bruto
calor y sol serán verano enjuto
que gusta del refresco en la ribera.
Si el cielo con estruendos se libera
y otoño empieza a dar su campanada,
la tierra se adormece ya en la nada,
pues muerte y vida en ciclos la lideran.
Hielo, nieve, frío, lluvia, sol, viento…
El ritmo de la vida es movimiento.

 

 

Imágenes de Arcadia

La voz ahilada y dulce de mi amada
se oyó como un suspiro en el lambel,
confusa entre las notas de un rabel
balaba en un tropel una manada.

La aurora con su cándida alborada
mostraba sonrosado el anaquel;
la reina llamarada en un dosel,
lucía entre la trémula escarchada.

El timbre de su voz más despertaba
mis ansias de querer volverla a ver;
de pronto un cachorrillo de lebrel
saltó con gran valor la empalizada.
Dichosa culminó la madrugada,
dichoso se mostró el amanecer.

http://www.youtube.com/watch?v=b6t4Zs5Yq_k&list=PLBC0257C197426EBE

Los novios

De rosas y geranios atestado

el atrio despedía sus aromas

la luna con su rostro plata asoma

y el novio en la ventana arrodillado.

Su mano con un gesto delicado

la  lleva suavemente hacia la boca,

la besa  como quien besa a una rosa

y al punto le dedica en un rimado:

Me llegan de tu aliento perfumado

deseos y locura de quererte,

mi vida es un morir si no he de verte

cual flor sin su jardín que ha marchitado.

¡Delicia del amor… tu voz me pierde…!

Repíteme otra vez: tú eres mi amado.

 

El duelo

Se cruzan los floretes y abre el alba

temblando sus purpúreos aceros,

redimen diferencias de unos celos

y ultrajes sobre la honra de una dama.

Clavado un estilete de una rama

suspende de un cordón un camafeo,

que el viento cual si el premio de un trofeo

lo mece sobre el filo de la daga.

Embiste el caballero con su sable

hiriendo sobre el pecho del bisoño,

testigos son las jaras y madroños,

silentes  como aliados miserables.

Dejados, sobre la tierra empapada,

un broche y un cordón junto a la espada.

 

 

 

Castillo de Berlanga de Duero

Viriato

Ahí llegan, excelsas, Guerra y Caza
armadas de morrión, venablo y dardo,
dispuestas con sus garras de oso pardo
al pasto del botín y la carnaza.


Llevado por el fuego de su raza
destella de postín, bravo y gallardo,
un Marte con la furia del guepardo
y rojo sanguinario en la coraza.

¿Clamas, Víctrix, la fama a tu tributo...?

¿Apelas a tu histórico esplendor...

Al nubio el Escipión, a Galva, a Bruto...?

¡Venal tu esquivo trato vencedor

venal tu sanguinario horror y luto...!

¿Tu triunfo...? ¡Roma sí paga al traidor!

Ariane

Al son de la ajabea una figura

movía entre timbales y panderos;

abríanle los álabes senderos

la luna resaltaba su finura.

Narguiles berebéres en roderos

y gritos  excitados de locura,

el vientre danza y danza con soltura

al ritmo que le imponen los dineros.

La piel queda librada de los velos

mostrándose desnuda y deseada,

¡oh cuerpo de mujer, embrujo de hada!

Alfanjes destellantes mueven celos

y el púrpura cercena la velada…

Ariane en solitario, gana el duelo.

 

La dama de la lluvia

Organdíes de lluvia precipitan

caídas como adagios desde el cielo,

livianas se suicidan en su pelo

y en suaves arroyuelos resucitan.


Son caces como dulce agua fresquita

sus labios que humedece con recelo;

sus senos un meloso caramelo

de erguidos aguacales que levitan.


Descubre mi mirada, ¡no la evita...!

¡El musco de sus ojos apodera...!

Prendado, como amor que se libera,

rendido quedo al culto de su cuerpo...

Volátil, como el agua pasajera,

se oculta entre jardines por el puerto.


El solo instante de un minuto


¡Vuelves endiosada, vibrante tu peplo...!

¡Un halo de fragancia te persigue...!

¡Rozas con tus labios las palabras, perfumes de voz...!

¡Hola...!  -¿Cómo odiar a un adiós sin adiós...?-

Si esquiva la presencia, más busca el deseo...

¡Te muestras...!

Si torva la mirada, más bella luce...

¡Ansiada indiferencia...!

Un lance de tu pelo me arrastra al infinito...

¡Muero... y a la vez tanto vivo...!

¡Oh Destino...! ¡Por qué este maltrato...!

El solo instante de un minuto y desvaneces.

 

La fuente de placer

Luciendo con boato una marmota

prendida como joya de su pecho

contrasta al canalillo de sus senos

que exhalan dulce olor a bergamota.

Se para, mira al mar y a una gaviota

que acosa un cormorán con gran recelo;

azur se muestra el mar, azul el cielo,

y al fondo mece el piélago  las olas.

Pasea su elegante caminar

fruncida entre las sedas de su ropa,

sabiéndose que es digna de observar

se mueve y contonea como loca…

¡Ay, quién fuera el sediento de tu boca…!

Fontana en que beber eres, mujer.

 


Ruinas de Baelo Claudia. Bolonia, Cádiz

Soneto a la incomprensión

¡Salve Hispania, vetusta y poderosa!

El nombre omnipresente en tu dominio

ayer fue enseña, hoy punto de exterminio,

estigmas de un poder Azul y Rosa.

¡Salve Iberia, de calas muy copiosa!

Las naves del fenicio y del bitinio

ajenas al futuro vaticinio

vararon en tu playa más preciosa.

El garum que en Baelo halló su influjo

por siglos en divisas transformadas

con dádivas  unió a belleza y  lujo,

libertas hoy, mañana esclavizadas.

Augurios de adalid muestran su flujo

en lucro y perversión de una ensenada.

 

Soneto a la mentira


Confusa mano levantó al verdugo

el golpe de segur capitolino

cambió la rosa a alcatraz marino

y el fasto de ilusión tornóse yugo.

Semeja a tempestad de Víctor Hugo

el culto a ministrar amargo vino

no hay viernes semanal, tema vecino,

que alivie malestar de Aroche a Lugo.

El lastre de trinchera y de mortero

al punto combatido el enemigo

volviese hostil afín al propio artero

en turbio polvorín de fuego amigo.

Gobierno de postín, falso embustero,

al pueblo diste pan negando el trigo.


Ensueño


Postrado quedo, siervo a mis costumbres,

uncido a este vivir que me encadena;

converso entre la gloria y la condena

esclavo soy de pozo o de altas cumbres.

Ni adolo de arrimarme a buena lumbre

ni en falta me han de echar penas ajenas

los lienzos se despliegan en mis venas

al aura del fanal que me vislumbre.

Del reino de mis sueños no fui dueño

y lo que quise ser ni soy ni he sido,

así en rey o vasallo vivo un sueño

en tronos y pobrezas dividido.

Alteza o gentileza fue un ensueño

cuando, Suerte, mi tiempo hayas vencido.

Hierro viejo

Ya no se oye a la mole de hierro
trepidar en las vías con su galope viajero;
ni la palada de carbón en el fogón,
ni el aullido del silbato de vapor.

¡Viejo hierro!

¿Dónde tu maquinista, vigilante del sendero?
¿Dónde tu aguerrido y laborioso fogonero?
¿Qué fue de tu faz mugrienta y sudada?
¿Qué de tus horas de sueño arrastradas?
¿Qué de tus romances entre valles,
ríos, montañas...?

Se los llevó -dirás- el progreso traicionero.


La mujer sin nombre

Caían aladares bruñidos en sus sienes
movidos por las brisas lanzadas por el mar,
sentada en la cornisa del empinado albar
fijaba sobre el lienzo espátula y pinceles.
Al fondo una fragata destaca entre bajeles
luciendo en la mayor un brazo y un mangual;
zambulle un somormujo su cuerpo en la marjal,
rastrea un cormorán un banco de jureles.
La brisa precipita en gavias y cordeles
moviendo  de jaloque las dunas salteadas;
el sol templa su luz en fraguas verde y ocre
y al punto, sobre el mar, la luna plateada;
silente la bohemia, absorta sobre el orbe,
camina solitaria… Es la mujer sin nombre.

 


La danza de los tallos


Álabes llorones nos saludan
entre níveos copos que vierten los álamos.
Volátiles figuras en hermosos valses,
ungen entre la melaza de la multicolor floresta
bajo el embrujo danzante de los tallos.
Entre el melódico susurro del riachuelo
una pareja de minervas dan acrobáticas piruetas
y se detienen, sin saber por qué,  sobre el tronco de un árbol
abriendo y cerrando sus alas  sin parar.
Descalzos, sobre una inmensidad de tallos verdes,
talamos en el fuste dos pétalos de margarita
en la  flor que nunca se marchita…
Y en el eón de los recuerdos... ¡Sí, nos queremos!


La almohada

En el mullido encaje de tu ombligo

la brisa deshilacha una guedeja

la elipse de su olor llega y aleja

en fruto candeal y rubio trigo.

Solícitos azotes y castigo

requieren el instante de una queja,

al punto un rastro plata se refleja

brillante sobre un mar mudo y testigo.

Jamás aljaba y dardos de Cupido

hirieron más certeros sobre el pecho

al sueño reclinado en una almohada;

y a fe que no ha de haber palacio o nido,

cojines de plumón, frazada o lecho

que suplan como el vientre de la amada.


Encantamiento


El polvo suspendido del camino
refleja la quietud del mediodía
moviéndose en acorde melodía
al paso del rocín marcha el pollino.

El Záncara y la sombra de un gran pino
refresca al secarral con osadía
no hay nada que comer, tierra baldía,
ni bota en que pegar trago de vino.

¿No ves, Sancho, jamones y chorizos…?
Lo más que llego a ver es sol de espanto,
marañas entre matas de carrizos
y a la postre ni un duelo ni un quebranto.

Resuelva que la ristra son  hechizos
y el pernil el producto de un encanto.



El balcón del deseo



Balcón de alba color, clavel y rosa,
oculta exquisitez que al punto luce
embrujo perfumado que seduce
fortuna del cincel por el que posa.

Fontana de la vida tan hermosa

a cunas da su miel golosa y dulce
a tálamos locura en sed conduce,
al llanto calla y al placer rebosa.

Mirar en tu balcón es venturado

si ajena es la mirada que recrea,
antojo o pretensión es bien mirado
si aceptas la visión de quien te vea.

¡Ardiente seducción, manjar preciado,

si al frío desafía, sol desea!

Maestrías


¡Vil necio, tal es tu orgullo
que no atiendes a mis pláticas...!
¿Acaso no ves que trato
de enseñarte la manera
de cambiar tu seso zafio
e ilustrarte la mollera...?

No soy duelo en este entierro.

Pero no seas terco, y cuenta...

¿Otra vez vamos al cuento...?

Cuento no, cuentas; aquélla
una, la del hondo dos,
tres con la que está en la cepa...

Por qué ese empeño; no siga...

¡Vaya un burro testarudo!

Y usted terco como una mula
con su empeño corajudo
en que cuente a mis ovejas...
Pero cuente usted primero:
cuántas corderas y cabras,
cuántos chivos y borregos...

Yo se contar, barrabás...
aun así: uno, dos ... ¡quietos...!
Rey, corren que se las pelan;
sin orden, ¿cómo los cuento...?


Usted sabrá cómo enseña
a contar en el colegio,
aunque aquí va a dar en piedra...

¡Ahí, muy bien...!, junto al pozo:
una, dos, tres, cuatro tejas...

¿Tejas...?, cabras y corderos
según usted son las cuentas.

Bah...! de burdos y altaneros
está la vida tan llena...


¡Soooo... lumbreras; pare el carro...!
Y ahora usted calle y atienda:
¡Rubia... ay dorado tesoro!
¡Negra... ese tizón de leña!
¡Tordo... listo como un zorro!
¡Mimosa... tan cariñosa!

Así entre ovejas y chivos
calificó a una treintena
que iban entrando en el cerco.

Magnífica tu pericia,
¿pero ya has hecho el recuento?

Treinta y ocho sin la Mora
que debe andar sin concierto.

Pues parece que las cuentas,
hacen un acierto pleno.

Años de tiempo me cuestan

y vigilar con buen tiento…
Pero la tarde se alarga
y la noche llega presto;
así es que clase acabada
y su lección dé por hecho.

Sigue pues con tu ignorancia
en aprender lo correcto
y en la cuida de manadas
gran licenciado y experto.

¡Buena dentellada… vaya…!

Pues sin salirnos del texto

entre balidos y letras
vuelva a su escuela el maestro

y al pastor deje en su sierra.

 

EL Tajo


Resalta el agua azul del río Tajo
espejo, luz, verdor y puente regio;
matriz Universal, robledo recio,
pinar y cereal, bucardo y grajo.

Esculpe su camino con trabajo
pagando con su ardor vetusto precio,
son años de tesón, doblega el necio,
y el duro farallón se abre en un gajo.

Y así, Tajo, gran caz de cancilleres,
igual te nombra el regio que el moderno,
Lobetum  te alumbró, en Lisboa mueres,
cumpliendo generoso tu gobierno.
¿Y no es de ley, varones y mujeres,
sanar al bajo curso de este infierno…?

 

Agua

Hontanares de lotos salpicados

agónicos perecen de sequía

debido  a una tendencia de anarquía

que mina los veneros reservados.

Hodierno los aljibes desconchados

consuman abandono y lejanía

los tiempos van cambiando día a día

por tubos de servicio acomodados.

El agua que resbala en los tejados

se pierde entre las frágiles estrías;

la noria ha detenido el cangilón

y el gozne en la garrucha no chirría…

Tan solo arrinconado en el pilón

un bote con su cuerda y una flor.

 

 

Alejandro



Anhelas los tesoros de Lisandro
persistes del tratado al que te debes
al trote de Bucéfalo conmueves
sin tregua la pasión por ti, Alejandro.

Refrescas con dulzor del Escamandro
las huestes con el agua que tú bebes,
restañas con tu ardor duros relieves
y asolas con tus muros al Meandro.

La fama de tu inmenso poderío
se expande desde Pella hasta Pattala,
derrotas el imperio de Darío
temiéndote hasta el tigre de Bengala.

¡Del reino repartido al albedrío
tan solo las ciudades te hacen gala!


* Escamandro y Meandro, antiguos ríos de Asia Menor.

 

 

 

¡Llora, Iberia!

Varó la nave intrépida y ligera
clavando su espolón de agudos hierros,
saltó el piloto y dijo: ¡por fin tierra!
Bramaban desde el castro gritos fieros.

Apea el de Cartago a su montura
y arenga a sus soldados caballeros,
el sol que ya despunta coge altura;
Sagunto, pueblo hostil, paga sus yerros.

Así se urdió la treta en los romanos
rompiendo con los númidas su tregua;
al punto, el pueblo ibero cae en quiebra.

Sucede que entre fuertes es el débil
quien paga los destrozos en su suerte
con hurtos, con engaños o con muerte.

 

Geografía de Estrabón


En el libro tercero de su historia
el geógrafo Estrabón, gran maestro,
nos relata en sus viajes por Mar Nuestro
las andanzas de argivos en Iberia

En Cartago Teúkros hace curia
el tydeida en Galicia deja rastro
Menestheo por Palos funda castro
y en el sur Odysseo clama gloria.

Geografía en otros testimonios,
da cuenta de leyes y poesía
turdetanas del príncipe Arganthonios,
cuyo renombre y gran sabiduría
son jardines de plata en patrimonio.
De su vida, Tartessos vio sus días.

Nota: en griego árgyros = plata; anthôn = jardín.

 

Canto a la poesía


¡Heraldos bardos, damas poetisas…
Rimad al mar y al refrescante río…
Abrid los blancos lienzos a las brisas,
que emane del velero el poderío!
¡Versad al farallón y a sus cornisas…
al valle montaraz y al caserío!
¡Que lloren los tejados sus sonrisas,
y un arco muestre al sol su colorido!

Si ebrios recitamos los poemas,
amor y desamor son nuestro vino,
pasión e incomprensión lo que vivimos
y plasma de resaca nuestras letras.

De humanos es versar, que no divino;
mundanos somos bardos y poetas.

 

Coloquios de Acteón

Acteón
Tarde vienes, Sol; me llegan tus bostezos.
Ve y descansa, Luna ansía tu beso.


Sol
¡Qué nueva te trae aquí, iluso enamorado...!
¿Acaso no has visto a Ceres...?
Un manto de lluvia la persigue.


Acteón
¡Mientes...! Tu pérfida sonrisa te delata.
Mas, has de saber, ¡caro Helios!,
que la angustia de mi espera a ti aún más te desbarata.
Si Ceres viste el manto de la lluvia, adiós al ansia de tu beso.
¡Y ya vamos, extínguete llamarada!
Arropa en tu calor al viejo día
y envíame el destello de tu amada.
Ya sales, Luna.
¡Dios, cómo siento los latidos en mi pecho;
la dulce punzada de la daga;
la sangre en mis sienes agolpada!


Luna
¿Nunca aprendes la lección,
desdicha del amor?
Suerte que Helios me ha advertido.


Acteón
¡Astuto y viejo zorro...!
¿Acaso de la lluvia...?
Bien sabe el rey astro
que el tupido manto de la diosa
ahoga el beso de su novia...
¡Pero, a qué esperas, Luna!
¡Pretendes que la llaga viva
haga sangrar más mi herida!

¡Ah, su majestad de plata...!
¡Sublime, como siempre,
aumentas la locura
de este mortal sin suerte!

Ahí llega, fiel a tu embrujo.
¿La ves, sentada en el ribazo...?
¿Sientes su mano formando
ondas púrpuras en el agua...?
¿Cómo humedece su nuca,
mientras el suave viento
mueve las greñas de su pelo...?
¡Ya libra sus gasas...!
¡Dios, esto es amor!
¡Eh, qué haces ahora...!
¡Te vas! ¡Te apagas...!
¿Por qué nublas mi visión
con turbios nubarrones...?
¿Te he injuriado...?
¿He dejado de mentarte en mis poemas...?
¿Entonces por qué cuando ella mira
me ocultas su mirada?
¡Odiosa y engreída!
¡Sal, luce, desluce, brilla...!
De qué me sirves sin mi amada.


Luna
_¡Apaga tu soberbia, estúpido Acteón!
Tu amor es utopía, el mío frustración;
e igual que yo a mi amado
le exijo sólo un beso,
haz tú lo propio de esto:
Observa en tu instante
el baño desnudo de tu amada
en los espejos del estanque;
y si descubre tu mirada...
No dudes, ¡corre, huye,
ocúltate en la nada!
No en vano ella es Diana,
la diosa luna de la caza.

Ay del infeliz que da con Artemís;
pues se convierte en bestia
por la osadía de su gesta.
Y ya sea muflón, ciervo, gamo
o montaraz bucardo...
a buen seguro, que sentirá en el lomo
la aguda esquirla de su dardo.

 

Aprendiz de Quijote.



Andando en una moto choppediana
haciendo larga ruta en carretera
en ello que se le mostró el Guadiana
preñado en sus lagunas de Ruidera.

Abrió su pecho al punto una lanzada
clavándose de acierto placentera
al ver, cual una Aldonza, la Lozana,
a una moza encajada en lagartera.

E hirsuto, como un Alonso Quijano,
dio puño en la quijada a su montura
saliendo disparada como un rayo.

Movió garbo a la moza un montielano
ataviado a la usanza con finura...
Date, quijote, aquí acabó tu engaño.

 

 

El Júcar y el Cabriel

Arrostra sus caudales como un fúcar

esculpe al farallón, abre cornisa,

irrumpe en un cañón a toda prisa

viniéndose a llamar el río Júcar.

Florecen sus riberas como adúcar

con landas entre agrestes serranías,

uniéndose a tan dulce compañía

por Hoces el Cabriel sobre un nenúfar.

Se deja que el verano lo destruya

y aviva su furor en el otoño

devasta sin piedad a quien construya

y quiera intimidar en su contorno.

Y aun tapiando su cauce como a un búnker,

con la gota fría, desborda el Xùquer.


Sentidos


Breve sonido
que capta el oído
al desnudarse el ojal
de tu vestido.

Turbante gemido
que emite el tejido,
al deslizarse en tu cuerpo
en su ansia por mostrar tu piel.

Delicioso quejido
el clip del sostén,
que incita al amor en mi ser.

Afortunados sentidos,
que percibís lo exquisito
de lo más íntimo del ser querido.


Autoestima

Creo sentirme más burdo

que licenciado poeta

aunque considero absurdo

darle a este tema más vuelta.

Sin querer cometo errores.

Meto la pata, ¡lo siento!;

mas no, no sirven las flores

si uno quiere ser correcto.

Analizar no es lo mío

pues muchas veces me pierdo

navegando en algún río

sin vadear ni entenderlo.

En esta lid me cuestiono,

¿qué pinto yo en este coro

siendo mi mismo enemigo

sin autoestima y decoro?

Contrarréplico y respondo:

Soy heraldo, soy poeta

y aun sin llegar me propongo

de metro y rima hacer meta.


El místico


Recibe el del cincel una mojada
que alcanza el lado izquierdo de su pecho
la muerte vigilante está al acecho
y asoma de rubí su cara ajada.
Difusa la noticia publicada
letrados y oficiantes en derecho
cruzando las noticias sobre el hecho
discrepan del que hundió la puñalada.
Sumido entre endiabladas carcajadas
el loco poseído de su ardor
habíase clavado el escarpelo
creyendo ver impúdico martelo
mirando a la figura de su amor.
Venus esculpida, irradiaba vida.

 

La danza del esparver


Entre el gris ocre de liliputienses tocones
y sus ramajes desnudos y cobrizos
el esparver, sobre un infinito azul celeste,
inicia suspendido la danza inquieta
de la vida y de la muerte.

A lo lejos, entre el sopor del viento
inexistente, callado,
una sinfonía de cencerros mueve al réquiem.

Quiebra a un lateral,
lanza en picado
y abriendo sus garras
clava sus dardos.

¡Un intenso grito revienta la paz!

¡Un jirón de viento levanta al silencio!

Y entre los barruntos de bestias ingentes
la piel sesgada, árida, gélida…,
recostada en su cayado, presiente,

¡Vive el gavilán,
muere la liebre!


La dama del Alto

Por el albaicín subía
hermosa como el lucero
tocada con su sombrero
la dama que yo quería.
Juro que no pasa un día
que pueda dejar de verla
y quien ose pretenderla
su guante mida conmigo;
pues no ha de haber enemigo
que mi coraje detenga.

 


El suave tacto de mi amada


Un ónice resalta su hermosura
mecido entre los pliegues de sus senos,
el viento le revuelve los cabellos
y envía sus aromas de frescura.
Presume un contoneo su figura
dejándose observar desde lo lejos,
los celos van minándome los sesos
creyendo en las miradas solo una.
Al punto nos cruzamos…¡Qué criatura!
Fijamos nuestros ojos, un instante…
sonreímos, unimos nuestros labios…
juntamos en los talles nuestros brazos
y andamos apretados por el parque.
Al fondo en arrebol, un corazón.

 


Metamorfosis

Si yo fuera el mar y el viento
y tú un velero a la deriva,
te empujaría a barlovento
y sotavento
sobre las suaves ondas,
amada mía.
Si por mis ansias furiosas naufragaras
entre atolones
de virginales islas...
¡Ah,
qué
desdicha!
Ya ni te besarían mis olas ni peinaría con suaves brisas
las crines de tus velas.
Si mis lágrimas en llantos te arribaran
y se unieran apenadas a los restos de tu quilla;
entre cantos de sirenas...
¡Brame el piélago timbales!
¡Silben los múrices sus tubas!,
y sobre un manto inmenso de arena fina...
Leukippe, Atlas y la Atlántida perdida.

 

Rimas

Si rimando en asonante

el verso se abre camino,

ya en papel o en pergamino

es alma de caminante.

Si rimando en consonante

es forzoso de entender,

quizá querer pretender

que se preste al buen oído

sea un hueso corroído

sin carne en la que comer.


Miedo

“El miedo guarda a la viña”

reduce a aquel que con hurto

ni miramiento de bulto

evita siempre la riña.

Y si un día en la campiña

de virginales amores

te llegan ciertos rumores,

dirás “que de lo que veas"

tan solo “la mitad creas”.

También los cardos son flores.

 

Por si alguna vez he sido necio

Sublimes cantos poetas

soberbios versos dolidos

sublimes por comedidos

soberbios por malas tretas.

Sublimes como profetas

orientan a mensajeros

por caminos y senderos;

soberbios como los necios

al final son solo pecios

sin mares ni varaderos.


Destierro

El médano descubre tus pisadas
visibles en los hoyos de la arena,
locura de no verte es mi condena
y amargo resquemor tu ausencia dada.
Desierta está la playa, abandonada,
artífice y testigo de mis penas,
resquiebran en su herrumbre las cadenas
de amores para ti, como si nada.
Despunta sobre el cielo una bandada
en vértice camino hacia el oeste,
se orientan por la estela del celeste
con rumbo hacia la tierra deseada.
Pensando en el desaire de mi amada…
hastiado de mi yerro, me destierro.

 

La Fuente del Olvido

En esta noche azul-negro infinita
destellos me acompañan frente al cielo
y sueño que en un dulce caramelo
mis labios van libando en tu boquita.
Tus ojos la mirada no me quitan,
tus manos escarbándome en el pelo
las mías entre el suéter y tus senos,
los dos  sobre un tapiz de  margaritas.
Arrullos como dulce agua fresquita
me llegan de la Fuente del Olvido,
el sueño se me antoja ya vivido
y sacio de tu sed su agua bendita.
Ahitado de soñarte, ya vencido,
el alba me recuerda que he dormido.


El baile

Seis lúnulas de flores la saludan

cual reina de una fiesta en la verbena

la danza mueve y mueve entre sus venas

y el cielo resplandece entre la luna.


Pasada medianoche, como a la una,

llevadas consumidas tres cervezas,

miraba sin parar su gran belleza

y resolví, al azar, probar fortuna:


“Tu cuerpo lleva un ritmo de locura”

-sonríe, cimbrea el pelo y baila-.

Intento que su ritmo se retraiga

y ponga su atención en mi figura.

Bailamos y bailamos como locos…

Extenuados, nos fuimos en mi moto.

 

Adalid

Aherroja su soberbia el adalid
cargado de grilletes y cadenas
pendones que brillaron lucen penas
resueltos por los lances de la lid.

Odaliscas en su Valladolid
atusan con ungüentos las melenas
abéñulan sus ojos de las flemas
pues saben que su amor está al venir.

Los gritos de la guardia del caíd
alertan al harén y a los eunucos…
¡Ganaron los cristianos a los turcos!

Creciente era la luna de Castilla
cambiada por la cruz que rojo brilla…
El celo del harén tomó otro curso.

 

Para siempre

Son tus uñas finas dagas
punzantes por su  dulzura
y tus dedos suaves yemas
cuyo roce es mi locura.

Tus labios saben a flores
tras beber de la tormenta
con sus fragantes olores
de tomillo y yerbabuena.

Tu cuerpo es denso deseo
¡alma de tacto y te quiero!,
savia de vino embrujado
elixir de mundo entero.

¡Dedos, labios, cuerpo, cielo...!
Mar azul tu vivo espejo,
sin ti mi vida es errante
cual nauta sin su velero.

 

Antiguo trazado ferroviario Linares-Utiel

A una Vía verde

De Utiel hasta Baeza va una vía

por sendas de viñedos y olivares

se adentra montaraz entre pinares

y acaba en tortüosa letanía.

Esfuerzos sin razón, -¡vaya ironía!-,

reparten por doquier obras dispares:

el túnel, la estación y sus hangares…

bastiones de excelente ingeniería.

¡Inútil proyección vana y fallida;

progreso en extinción, sudor ingrato,

los años malgastados sin salida

al cabo sólo son ruina y maltrato.

¡En vía se erigió un camino al hombre,

el hombre dispondrá, su ruina o nombre!

 

 

El juicio


Avanza sin piedad la edad tardía
y aprieta galopante el nudo al lazo
asola como el tiempo en un ribazo
que al sol reseca y con el hielo estría.

La Mancha me alumbró a la luz del día
postrada una mujer a mi regazo
deber tuvo de mí, ningún rechazo,
y al cabo mi abandono comprendía.

Hacer la cuenta atrás es imposible:
pasado es realidad de lo vivido
presente es lo que queda, lo plausible.

Al juicio de mi todo doy vencido,
si libre he sido reo o reo libre
razón o sinrazón me ha convencido.


El herrero

Soberbio y altanero y ahincado en rebeldía

sus músculos tensados templaban en la forja.

Cargado hasta el hocico un burro con alforjas

cubierto de sudor como mejor podía,

portaba diez costales de limas y toronjas

más otros bien pesados de un convento de monjas.

Quitando el ferretero la carga que traía

miró que el animal  un mal trato sufría;

así  mientras el amo comía del pollino,

aquél le comentó entre tajada y vino:

¡Arriero desalmado…! ¡Tu burro andaba cojo!

Y dijo el increpado: no es cosa de tu antojo.

Tiró tal martillazo sin pensarlo a su cliente

y dijo a la sazón: ¡qué tal comes sin dientes!


Loor


Saciado de la fuente en la que bebes
tus versos se transforman en poemas
bucólicos, de amor, da igual los temas,
del caño en que has bebido a él te debes.

Por contra si cadencia es lo que mueves
en base de la nave en la que remas
no habrá mentor ni bardo teorema
que acalle tu labor si ella conmueve.

Honrados con los más altos honores
poetas renombrados o en olvido
de grandeza ganaron sus favores
cercanos a la muerte o poco vivos.

¡Dirás, poeta, tan grandes loores
y al cabo de existir te aclaman divo!


No hi ha demà si no és amb tu…

Los versos en los muros de una esquina

resaltan del cemento y el ladrillo

mensaje de un moderno Lazarillo,

poeta de ciudad, voz inquilina.

A tal correspondencia que maquina

aguarda su princesa en un castillo;

resbala el ventanal, corre el visillo

y un aura de frescura la ilumina.

La trova del mensaje remitente

seduce en un suspiro de hondo peso,

la musa sonriente lanza un beso,

y el dardo se acomoda locamente..

“¡No hay mañana si no ha de ser contigo…!”

Y a fe que del mensaje, fui testigo.

 

Aquella noche cualquiera


El mar me envía sus aromas de sargazos.
Tus aromas.
Recuerdas... Aquella noche cualquiera...
Las notas románticas del piano acompañadas por la dulce voz de la solista.
Grácil: "Somos novios..."
Nos mirábamos, entrelazábamos las manos...
Un fugaz beso...
El vino blanco afrutado, frío... hundido en la cubitera y tapado con el gran lienzo naranja y sus pequeñísimas flores de lis en los bordes...
Embriagador...
Después el paseo junto al mar y mi brazo pasado por tu hombro...
Tu mano cogida a mi mano, desunida, unidas...
Aromas de sargazos...
La noche apresada en la oscuridad y sus mil destellos desde el infinito...
Noche sin plata... de negro-azul... azul-negro...
De regreso a casa pasábamos por la playa que de noche nunca tiene a nadie...
Éramos...
La motocicleta varada sobre la arena... toda nuestra ropa amontonada sobre ella...
Clandestinos...
Pisando sobre alfombras de sargazos oíamos el tenue suicidio de las olas...
Las detuvimos...
Besos, abrazos, fricciones...
Nos amamos...


El reposo del guerrero

El sol aprieta ardiente sobre el azul celeste,

ni un hálito de viento perturba a campo abierto;

muy próximos al mar, unidos y en concierto,

laboran lugareños plantones de simientes.

El paso de las máquinas asola los salientes

de agudos caballones sobre regueros rectos;

hincándose hacia el suelo, atento al movimiento,

encallecidas manos rugosas, aunque fuertes,

golpean en la tierra la azada reluciente.

En un giro de surco el maquinista observa

al hombre reclinado sobre su humilde apero,

al punto le comenta: “Reposo del guerrero”.

Devuelven cortesía resplandecientes ojos…

Setenta años de vida… ¡Qué brillo tan hermoso!


Aun con el paso de la edad, los hombres siempre serán hombres

y las mujeres, mujeres... Aunque les digan viejos.


Locomotora

Tristeza y dejadez es el mensaje
de un tiempo acompasado ya perdido,
¿qué queda sino el óxido extinguido
nostalgia de vapor y negro traje?

Las sendas de madera y sus herrajes
en cercas o tarimas convertidos
denotan los ultrajes cometidos
al reino del raíl y a sus paisajes.

Si se extinguió el vapor y sus caminos
y abandonó el vagón su charla amena,
¿en qué estación de fonda, pan y vino
escribirá el poema su honda pena?

Anclada a tirafondos, hierro y pino
la vida en un cadalso es tu condena.


Parcas

El duelo  de la vida es una suerte

que pende en  filos corvos de navaja,

se mide entre la cuna y la mortaja

y siega tanto al débil como al fuerte.

Si  Nona en un trenzado me convierte

y Décima en la rueca me trabaja,

al cabo que el esparto torne a paja

a Morta le encomiendo dulce muerte.

En cuanto su labor hayan cumplido,

no habrá más luz y sombra que la nada

pues nada se es después de lo vivido;

y el alma, que fue en vida esclavizada,

liberta de su muerte y sin sentido,

mi inerte soledad verá ensalzada.

 

El rey Midas

Ahí tienes, Midas, tu gran tesoro
mostrado en el banquete al que convidas,
¿y aún, necio, no sacias de comida
la gula terrenal que cubre tu oro…?

Dionisos por tu enjundia y mal decoro
a todo lo que tocas quita vida;
mutando lo vital a inerte, Midas,
tu misma hija es motivo de deploro.

Quisiste cornucopias y palacios
pedidos a tu antojo al gran divino
a cambio has conseguido bienes lacios
que Baco, a ruego tuyo, así convino.

¡Pactolo, igual en fama al oro tracio,
te debes a Dionisos, dios del vino!


Destino



Yo no creo en el destino,
sólo creo en una rienda
de vida y muerte en contienda
entre rosas y entre vino.

Y si hay mandato divino

que quiera juzgar mi suerte,

salud le pido al presente,

amor por siempre vivido,

las penas en el olvido

y en grande estima a mi muerte.

 


Con el sudor de tu frente

Preguntaba inocentemente un niño a un capellán:
¿Padre, si Dios hubiese querido
crear el mundo en dos días
lo habría conseguido?

Contestó el cura al zagal:

¿A qué esa pregunta, rapaz?

El niño replicó con clara voz:

Dice mi padre, señor,
que de existir el Tal Dios
hubiese sido ley suprema
que la frente del hombre,
de siete, sudara sólo dos días;
después el tercero, cuarto y quinto
los dedicara a vivir la vida;
que el sexto, meditase o durmiese,
según mejor le viniese;
y que el séptimo y último
del ciclo de la semana,
le santificase una fiesta,
comiéndose buenas chuletas
y bebiéndose buen vino.

¿Y quién es tu padre, pequeño?

Mi padre, señor, es un simple labrador,
que se levanta aún durmiendo el gallo
y se acuesta bien dormido el sol;
y del sudor de su frente,
desde el lunes al domingo,
salen las hostias y el vino
que les dona el señor marqués
a usted y a toda su gente.

Europa

Nadando en una playa de Sidón

Europa se relaja entre sus aguas

cogido sobre el bies de sus enaguas

al lado lleva a Fénix Agenor.

De pronto, con la fuerza de un ciclón,

un toro blanco y bravo se le acerca

embiste contra el muro de la cerca

y acude en imparable seducción.

La musa aprehendida de su amor

se sube hasta  los lomos de su cresta,

surcando por los mares rumbo a Creta

retumban los timbales de clamor.

El Ida resplandece de colores

y aromas por doquier dejan las flores.


Molécula de polvo

Inútil cual molécula de polvo

me siento al componer algunos versos

y creo no vivir el universo

que moran habitantes de mi entorno.

Sumido en mis cuestiones – sin retorno –

pregunto a mi interior si es ser avieso

que el joven no le ceda asiento al viejo,

y éste me responde: un patán sin seso.

Volviendo a lo mundano, en plan sabueso,

¿acaso no molesta que a la acera

triplique en su valor la carretera?

¡Tú estás chalado…! –alguno me diría –

¿Y el tráfico, quién lo controlaría…?

En frío y cuerdo, al polvo me devuelvo.


Nocturno

Crepúsculo de luz que va a la zaga

creando en el espectro a la figura

silencio como inerte sepultura

que paz recobra y al bullicio apaga.

Penumbra fantasmal tupida y vaga

al miedo hace latente mientras dura

infieles relaciones y conjura

que al amor tienta y a razón divaga.

Así es la noche, odiada y complaciente,

volcada en el complot de sus aromas

reductos de Chanel, club y cliente

rutinas de placer, sudor y bromas.

Unida al desamor la luz naciente,

adiós toca a su fin y el sol asoma.


Al mal político


Sométanse  con gran rigor humano

si han sido reprobados de cohecho

del noble más rufián al más villano…

¡Sanciónelos  Estado de Derecho!

Política ha de ser la firme mano,

político quien rija de provecho…

¡eterno sabandija, vil gusano,

si inscribe su leyenda en un mal hecho!

Política no admite el amiguismo

ni cargo al que fiar con el erario

y menos si un acuerdo del contrario

resuelve -¡sin Derecho!- en transfuguismo.

¡Estado que gobierna sin  Justicia,

si al tirano encubre al villano vicia!

 

Ríos Mundo y Segura


Gestado en sumideros muy profundos

–matrices de la sierra de Alcaraz –

alumbra la caverna con un caz

al puro y cristalino río Mundo.


Recorre los meandros vagabundo

formando torbellinos muy tenaz,

lo observa desde el cielo una rapaz

por vegas de terreno muy fecundo.


Revienta con carácter iracundo

fundido entre las aguas del Segura,

pues ambos barruntando su amargura

se entregan  al desprecio más inmundo.

Ahitados de inmundicias y desechos …

el anchuroso mar les da su lecho.

 

 

Polvo

Nadie ose rescindir este contrato
del polvo en que vuestras mercedes yacen;
si del barro unos mueren y otros nacen,
¿qué somos sino polvo vil e ingrato?

Polvo y agua convino en un retrato
quien Todo crea y a Su imagen hace
dejándonos de cuero un solo traje
y el lujo de la vida como trato.

Así venimos, somos y nos vamos
de un mundo que nos trajo y que nos tuvo
y por más que agua y polvo nos retuvo
al final en la nada nos quedamos.

Atrás quedó, Fortuna, tu consejo
…
Vine, vi, viví y con pesar te dejo.



Entre burdo y poeta


Digo bien que ser vate taumaturgo
anima a presunción y orgullo de acto,
lo dicen mensajeros de los fastos
que vuelan desde Cádiz a Estrasburgo.

Recitas, fantaseas muy licurgo
subido en un afán de gusto y tacto
el ritmo y la medida son exactos
e ignoras los de contenido burdo.

Por tanto, este casual del todo injusto,
me anima a meditar en la mollera
la cual unas acierta y otras yerra
y viene a contentarse a medio gusto.

¡Poeta arruinado, vence a tus sueños!
Los sueños, libres, nunca tienen dueños.


Esclavo del vicio

Muy joven me hice afín al vil tabaco
ajeno al juramento que le hacía
el pacto renovaba día a día
llegando a perjurar si él o Paco.

En tientas de si entraba o no en su saco

en ruta hacia Santiago me decía:
Poder de sugestión tiene, ¡a porfía!,
incluso más que el caldo que hizo Baco.

Cumpliendo varios puntos del contrato

me muevo por el culto de su aroma
diez meses y unos días sin su trato
y puedo sugerir, ¡ya llego a Roma!

El vicio que te infunda gran maltrato

no admitas defenderlo ni de broma.


Jacinto

El plasma que en el hierro urdió el Mavorte

al juego puso trágico episodio,

amor de dios fue convertido en odio

de Apolo contra el aguerrido Marte.


Jacinto lanza a Apolo de estandarte

el disco que le hiciera un hábil rodio,

aquél devuelve el óbolo a su novio

con tal suerte fatal que hiere a muerte.


La sangre derramada del donante

a miles de jacintos dieron vida,

Apolo llora el dolo de su herida

y a Marte, el urdidor, le lanza el guante.

¡Olympo se divide entre los dioses…!

y Zeus, fulminador, la paz dispone.


Galerna

Movía el ancho mar con la galerna

henchida entre el fragor de la tormenta

El dios con el tridente la acrecienta

Y Anfítrite, su amor, la desgobierna.

Los trípodes a modo de linternas

Envían sus destellos a  cubierta

Los brazos ya cansados se revientan

Virándola al entrante que la interna.

Quebrada la complicidad fraterna

El Crónica les manda un rayo guía

La noche endiablada se hace día

La Argos las Simplégades  desvía.

Neptuno y Anfítrite reconcilian

Y Zeus, más confiado, la paz envía.


Tapiz-naturaleza

Aún oculto al primer rayo del alba

entona su silbo el ruiseñor bardo,

inquieto vuela y entre quiebros salva,

al prado armiño y al viñedo pardo.


Hoza el jabato en la dehesa calva,

llama al amor el montaraz bucardo;

destaca el roquedal de jara y malva

y apunta el junco con su agudo dardo.


¡Un viento agita, surge niebla densa...

Enciende el cielo  un áureo fulgor...!

¡Estalla un estridor de furia inmensa...!

¡Un manto de lluvia flagela al valle...

¡Al castigo de  Eolo, serena Helios...!

¡Ceñido al Orbe un arco de color...

irisa un arrebol de bello talle.


La rapaz y el gozque

Ladraba un gozque flaco sus penas a la luna

la ruina de su suerte y su arrastrada lima;

fijó su punto un búho sobre una gran tarima

y dijo a la sazón: ¿te quejas de fortuna...?

Me quejo con razón, feroz inoportuna,

por culpa de querer a un amo sin estima;

si aúllo le incomodo, gruñir le desanima.

El muy truhán me obliga la guarda de aceitunas

y pobre si me callo o si me falta alguna.

Pues deja de ladrar  que vienen tres fulanos

armados con garrotes y dos galgos alanos,

dispuestos a robar los sacos que vigilas;

perdido estás si alertas, perdido si sigilas.

A tales vaticinios... ¡Adiós amo y dominios!

 

 

Cataluña

Oriunda de Cartago es Barcelona
topónimo de estirpe carquedonia,
insigne de la rica Catalonya
llamóse en sus principios Barcilona.
Ilerda con Gerunda y Tarracona
completan el cuarteto que en historia
arrastran hoy en día en su memoria
a Llèida con Girona y Tarragona.
Las cuatro capitales parangonan
de sangres valerosas y guerreras,
renombres cuyas  tribus en sus tierras
causaron a falanges quebraderas.
Lo dicen en copiosos testimonios
caudillos como Indíbil y Mandonio.

 

 

La diva

Un golpe traicionero en una esquina

levanta de su falda el ancho vuelo,

de pronto se origina un gran revuelo

en todas las miradas que vigilan.

Encienden sonrojadas sus mejillas

al verse sorprendida con tal celo,

azotan las guedejas de su pelo

y el viento aún más se ceba con la diva.

Repliega el lamé y aprieta la hebilla

dejando al descubierto sus rodillas;

recoge su cabello con los dedos

y aleja en un mohín sus devaneos.

Armada de elegancia femenina

el viento se avasalla  y elimina.

 

Espejismo


Lánguido como la llama de un cirio el sol despierta al nuevo día.
Los tejados alcanzan el máximo de su albor
y las tejas, heridas por ápices de calor,
lloran diminutas perlas cristalinas.
Perlas semiheladas que en sus lentos suicidios
hacia el abismo del estrelladero
aún se agarran a la vida
sobre agudos carámbanos que penden del alero.

Mi paso ligero me obliga a casi no observar nada en el entorno
y oculto, todavía más, el rostro entre las solapas alzadas del abrigo.
Un gorrión menudo se detiene en una ventana piando.
Emite un gorjeo potente y lastimero. Desde el traslúcido cristal
se observa una silueta acercándose lentamente. Con deliciosa
fragilidad, el vidrio al ser frotado con un paño recupera poco a poco
su nitidez. Un soplo de vida se muestra desde la estancia
¡No, un huracán de vida! Al abrir la ventana el pajarillo
levanta el vuelo y revolotea cerca de sus cabellos
como si quisiera peinarlos con su pico.


Sus manos, blancas y delgadas, desmenuzan una migajas y las lanza,

sin mirar, para premiar al circense gorrioncillo. Una lluvia de pan
cae sobre mí. El rubor inunda su rostro a la vez que sus ojos
destellan como auroras boreales. Sus labios de fresa se excusan:
¡Perdón!
La voz, grácil y agradable, aturde mis sentidos y enmudezco.
¡Perdóneme! - repite.

Mientras el aturdimiento me hace dudar entre la realidad
y el sueño mi mirada, poseída, se dirige con descaro hacia
la abertura insinuante de su escote. Allí, unas pícaras
cintas de raso, en su afán por mostrarme la exquisitez de sus carnes,
al librarse de su insegura lazada, han dado al traste con este fugaz momento de vida.
Sin tan siquiera contestarle, un golpe
frío de viento me ha devuelto a la monotonía.
La ventana, ahora cerrada de nuevo, muestra el cristal
medio empañado, quizá, por el cálido vaho de su aliento.
Mis ojos hambrientos devoran con la mirada el rectángulo
acristalado esperando, aunque sea por un momento,
revivir parte de la escena.

Una nube de pajarillos revolotea junto al ventanal piando
con insistencia. Tras un leve espacio de tiempo observo cómo
éstos se dirigen hacia un pequeño parque
en el que una anciana de cabellos plateados y ensortijados
reparte sobre el césped diminutas briznas de no sé qué cosas.
Ante el hermetismo de la ventana y bajo la deducción
de que mi espera es de total inutilidad, inicio de nuevo
mi camino entre maquinales pensamientos:
¿Espejismo? ¿Realidad...?
¡Qué más da! Un agradable paseo por la vida.

 

Despertar

Sueño que náufrago vivo

en una ínsula desierta,

que una brisa pasa lenta

y un dulce olor yo respiro.

Es sal, sargazos y olivo,

y un perfume que alimenta

a piel de canela y menta,

a amor eterno y cautivo.

De repente se oye un ruido

y un zumbido me despierta.

 


Faro del Albir. Alfaç del Pi, Alacant

Vuelo poético

Sobre una inmensa floresta

he libado entre las hadas

volado en aguas saladas

y entre cánticos de gesta.

¡Ah, qué fantástica orquesta!

¡Cuánto amor, cuánta ternura,

desengaños de locura,

amistades, descontentos,

sufridores sentimientos

entre poesía pura!

 

 

 

Pyrene

Retumban las montañas de sus gritos

llegados hasta el más hondo cubil,

imploran a  una flor  fresca y sutil

que dio todo su amor al de Tirynto.

Pyrene resentida entre los mirtos,

confusa por la ausencia del viril,

huyó cansada y harta de vivir

perdida en pirenaicos laberintos.

Heracles imprecándole al Olimpo

recoge el cuerpo inerte de su amada,

sacude en las montañas con la clava

y erige el Pirineo como mito.

Expía en el error que ha cometido

y suple su dolor de blanco níveo.

 

 

La fiesta

Reclina hacia el señuelo su dolor
herido de navaja y de guirnalda
desdeña a la figura que le balda
y asume por la fuerza un gran horror.

La sangre entremezclada con sudor
se roza en la torera negra y gualda
un lance del verdugo da la espalda
y el bruto ya ni muestra pundonor.

¡Lengua babeante, mirada fija…!
¿Qué fue de tu arrogante y bravo porte?
¿Adónde tu testuz pulida a lija…?

¡Entrabas con la furia del Mavorte
y al punto das señal de lagartija…!

¡Gran fiesta ver morir, quien lo soporte!

 

 

Vagamundos

Transeúntes de vías y de asfalto,
prófugos del sistema artificial,
admiradores del paisaje, silenciosos,
almas errantes que vagan sin cesar.

Autómatas de un día tras otro día
que hastiados por la severa sociedad,
van quemando su angustiosa soledad
bajo el amparo del alcohol en la bebida.

Despreciados, harapientos, fantasmales...
Agraciados en desamores y desdichas,
van dejando en sus lentos caminares
el lastre del vacío de sus vidas.

Viajeros de partida sin retorno,
nómadas de tierras sin fronteras;
libres, suicidas del progreso,
seres sin patrias ni banderas.

¿Locos...? ¿Desventurados...?
Gentes que gritan: ¡libertad!


Bahía de Alfaç del Pi y Altea

El descanso del velero


Navego entre las ondas de tu cuerpo

con ábregos deseos de arriar velas,

aromas perfumados me revelan

ocultos mamelones y tu puerto.

En tu abra se percibe el mar abierto

desnuda y virginal, como sus aguas;

varado mi velero entre las algas

vencido, como un náufrago, me duermo.

Tendido cual descanso del guerrero

vestales llamaradas me despiertan,

son auras de salada mar intensa

alumbres de sargazos y azul cielo.

Despliego rumbo al viento mi velero…

y henchido hacia tu mar, a navegar.

 

Fenómenos


Las nubes oscuras
auguran disturbios
en las alturas.
¡Corren la gentes!

Relámpagos rayos y truenos
irrumpen del cielo.
¡Vibran los batientes!

En las cerradas alcobas
murmuran las madres
y los niños lloran.
¡Oran los creyentes!

En un casón de retiro
con las ventanas abiertas
a los enveses del tiempo
un hombre grita al cielo:
¡Llantos de lluvia,
lágrimas de hielo...!
¿A qué teméis criaturas...?
¿A castigos celestiales...?
¿A las iras del averno...?

Pensad que son, sin duda,
sucesos cadenciados
de agua, ruido y miedo.

 

Mensaje al Cielo



Cuando me lleve la muerte
quiero expresar un deseo:
decirle al Rey de los Cielos
que sufren los inocentes.

 

Adiós al mar


En una franja costera
junto al mar Mediterráneo
echó el ancla uno del llano
adaptándose a esta tierra.

¡Marinero de secano…!
¿Dónde está tu barco anclado…!

Siguió a una rama de olivo
que en un río iba flotando.
La nave cruzó pinares
blancos pueblos
verdes prados
y terminó su viaje
junto a este mar tan soñado.

Aquí hizo puerto mi nave
planté y arraigó el olivo,
en un paraíso, Levante,
mi segunda tierra madre
y el lugar en el que vivo.

Que no nos tapien el mar
que siempre podamos verlo
y en columpios como un vals
la danza de los veleros.

 

El ignorado


Si la miel me dieras, rosal de labios,
prendido de tu boca no sueño, ¡vivo!
Vivo candidez de tu amor furtivo
viva realidad que me causa agravios.

Más quisiera yo la razón del sabio
que la sinrazón de este amor prohibido.
¡Ámame, mujer, soy un ser cohibido…!
pues si no lo haces de pena rabio.

Los néctares que en sueños he bebido
prendido y arropado entre tus brazos
pululan como acíbares heridos
minándome con mórbidos fracasos.

¡Recito mil poemas, los envío…!
en cambio tu desdén no me hace caso.

 

 

Incomprensiones

Érase una vez mil y un bosques de pinares verde oliva;
érase unos
locos amargados, pirómanos de la vida.
Érase una vez mil y un espacios naturales de sin par azul marino;
érase mil y un rascacielos con sus puertos deportivos.
Érase un sin fin de espacios milenarios protegidos contra usuras;
érase mil y un desarrollos sostenibles y promesas futuras.
Érase mil y una ayudas al sector agroalimentario;
érase mil y un pobres campesinos para un solo intermediario.
Érase mil y un campos de naranjas, patatas, tomates...
érase mil y un jornales de trabajo para unos pocos emigrantes.
Érase mil y una huertas de urgente protección;
érase una vez una macrourbanización.
Érase un mundo de golf entre trasvases, césped, piscinas...
érase un paraíso de firmas en pomposas oficinas.
Érase recintos privados de gustosas y opíparas comidas;
érase un litoral atiborrado de sombrillas y bocatas de tortilla.
Érase una vez mil y un votos de toda confianza;
¡érase una vez unos tránsfugas!
¿Y aún hay quien dice que ayer nunca fue mejor que hoy...?
¡Dios mío, que me quede como estoy!

 

 

Vidas paralelas



El viejo junto al llar
descansa en la garrota la barbilla
aviva, inútilmente, casi apagada una colilla.
La vieja, a su lado y con manos temblonas,
con fino hilo teje puntilla.
Así: horas, días, años, vidas.

 

Mundo can

Husmeaba un chucho lugareño
en un cubo colgado de una rama.
Ante el ímpetu de su hambruna
quiso su mala fortuna
que se aflojara el alambre
por el cual se sujetaba.
Del recipiente caído
cascarones, mondaduras
y otros ruines
quedaron esparcidos.
¡Qué hermosura
aquí un hueso!
¿Pensaría el can?
No era tal.
¡Suerte mía
un mendrugo
de pan duro!,
¿se diría?
¡Error fatal!
Cuando se dio por vencido
recibió muy sorprendido
un estacazo en el lumbar.
Ya no iría de vacío.
Mitad ladrido, mitad aullido,

se quejaba dolorido.
¡Mundo can!

 

La caída del Imperio



Qué triste comprensión, qué gran castigo
a aquel que con su fuerza impuso asedio,
pidiéndole después a su enemigo
ayuda a la caída de su imperio.

Numancia al cerco extremo envía un ruego,
Roma calla, como último remedio.
Astapa solivianta y prende fuego...
las dos, ¡qué sinrazón!, pagan su tedio.

El imperio soberbio en sus riquezas
de godos y otros pueblos muerden polvo.
¡Sucumbe Hispania…! ¡Vítores del Ponto….!

Los frágiles delirios de grandezas
movidos por sus séquitos al trono...
si sangre derramaron, sangre dejan.

 

 

Inocencia



Por el ojo libre
de la cerradura
la tierna mirada
observaba oculta.

Sobre un amplio lecho
dos cuerpos desnudos
se amaban unidos
con arduos jadeos.

Ya sobre la cama
en el cuarto oscuro
la mente inmadura
pensaba en silencio:

Extrañas batallas
las de los mayores,
se odian abrazados,
se matan a besos
y sangran sudores.

Clávense las dagas
en los corazones,

gánense las guerras

gozosas de amores.

 


Reencuentro



Entró la noche cerrada y oscura
abriéndome la senda del despecho.
Sentía acrecentada mi locura
conforme me acercaba hacia el repecho…

Libré la cuesta… ¡Qué infame tortura…!
¡Su treta urdida desgajó mi pecho…!
¡El rostro en otro tiempo de dulzura
mostraba su talante satisfecho…!

¡Maldita la misiva de tu encuentro,
malditos en mis sienes tus recuerdos…!
¡Malditos esos labios ya besados,
heridas de un romance pasajero…!
Me dijo que venías, y es bien cierto…
de un brazo mal amigo y traicionero.

 

 

El llanto del árbol



Grabé en un árbol saetas
que en un corazón calaban
después inscribí tu nombre
con ansiosas puñaladas
mas, cuando quise clavar
el mío en este romance...
púsose el tronco a llorar,
pues ese infiel corazón
latía junto a otro hombre.

 

 

Amores mal avenidos

Las prendas muselinas de alta gama

resaltan en su cuerpo garbo y gusto,

dejando ver  su piel sólo lo justo

y el resto queda oculto en amalgama.


El pecho en sobresaltos se le inflama

por culpa de una escena de disgusto,

un  perro a su perrita le da un susto,

subiéndose a su lomo se encarama.


¡El dueño del pit-bull…!, a gritos clama,

e incita a que controle a su mascota;

él, ¡pobre!, ensimismado, como idiota,

murmura en su interior, ¡Qué hermosa dama!

Un hálito de amor le llega a rosas

prendido del embrujo de sus labios;

de pronto un alarido le despierta…

¡Imbécil…! ¡ Colabore a separarlos!

Unidos los amantes, no se sueltan.

 

 

Loutro. Creta, Grecia

 

El sueño de Ulises

Un grito en el silencio le despierta

del canto de sirenas que le llaman

estelas de coral se desparraman

y al fondo de telón la mar abierta.

Pasea sin que nadie que la advierta

le impida renunciar a quien más ama

profunda entre su ser arde una llama

henchida de querer aún descubierta.

Descubre entre las naves las inciertas

y el pecho se le inflama en pura hoguera

la espera se le antoja pasajera

y en llantos se dirige a la cubierta.

¡Pobre Ulises!, en sueños con su rubia,

confunde al mar de Ítaca con Nubia.

 

Artemisa


Divinos aguacales que levitan

se muestran a mi atónita mirada,

preciosas aréolas sonrosadas

fontanas de placer de agua bendita.

De pronto en un mantón de margaritas

detiene su elegancia acompasada,

liviana se recuesta, descansada,

al brillo de la luna que la excita.

Sus manos se deslizan exquisitas

fruncidas a la mata de su pelo,

espejos de su piel mueven mi celo

y quiebro sin querer mi urdida cita.

Zumbidos de dolor sellan mi suerte

y loco por su amor hallo la muerte.

P. V. R

El Cid. Burgos

¡Salve, Iberia!

¡Salve, oh Iberia vetusta mercenaria!

La Sangre derramada de tus gentes

recorren del Ocaso hasta el Naciente

las púrpuras llanuras esteparias.

¡Salve, oh Hispania de aguerrida raza aria!

No hay cima ni muralla en ningún fuerte

que lleve a tus soldados combatientes

la fama desde el Ponto hasta la Galia.

¡Salve, oh sendas Juncarias y Espartarias!

Holladas por iberos y por celtas

terror de las falanges extranjeras

pelean tus falcatas y rodelas.

Relatan tus hazañas y delirios

cronistas como Varro y Tito Livio.

P. V. R.

Marsias

¡Oh fauno de los montes, ya deliras!
¿Por qué mover al punto esta locura…?
¿Pretendes que en un acto de cordura
compita el del Olympo con su lira…?

El silbo melodioso del que espiras
arrastra un aire triste de tortura,
el dios fijó la vista en tu figura
y a golpes de puñal trama tu pira.

¡Sátiro engreído ya no respiras!
¿Acaso el presumido caramillo
creyó que vencería al rey del arpa?

De rojo se tiñó prendido el alba
y el Sol resplandeció en solemne brillo…
La cítara entonó, calló el silbido.

P. V. R.


Carabelas. Huelva

La Armada Invencible

La lluvia precipita en los cristales

movida a los empujes de los vientos

la lámpara girada a barlovento

descubre en un talud los roquedales.

¡Timón a babor, sacad los puntales!

¡Fijadlos y apretad a sotavento…!

Un golpe de la mar duro y violento

empuja el mascarón a los bancales.

La noche serenó, vino el silencio

y el Astro despuntó en el mar abierto.

Maderas por doquier rotos los lienzos

y el júbilo enemigo desde el puerto.

Así sufrió Felipe su derrota

dejando a nuestra Armada en bancarrota.

P. V. R.

Everest

¡Oh cúspide, bastión de nieve y hielo!

Semejas a una diosa entre las hadas

tan pura y virginal, tan deseada

cubriendo tu hermosura un terso velo.

¡Oh bella sinrazón, dulce camelo!

Embrujo de aguerridos camaradas

incitas hacia nubes alejadas

tu orgullo, tu pasión, tu altivo celo.

¡Oh Triunfo colosal, ósculo acerbo!

No hay día sin su noche que no asombre

a todo aquel que quiera que te nombre

poniéndote a los pies del mismo Verbo.

¡Regia ciudadela…! ¿Quién te domina…?

El yak, el sherpa y quien logra mi cima.

P. V. R.

Bienio

Con más pena que gloria fue a la historia

el pérfido pasado dos mil nueve;

dos mil diez a su ritmo se conmueve

y antoja ser desastre en la memoria.

Infiltra nuestro Estado sin euforia

-y el cielo, que está raso, enturbia y llueve-,

que al paso que llevamos o se mueven,

o auguran más penalidad que gloria.

Difícil la tarea del Gobierno

de echarle dos bienios más al curro,

que algunos ya han pasado sus inviernos

y están por no cargar más leña al burro.

Me hüelgo que se agota ya el pan tierno

y habrá que solventarse del coscurro.

P. V. R.

Azar

Atrás quedó, Destino, la faena

que hiciste al orientarme complacido

no puedo sino serte agradecido

del logro enardecido y fiasco apenas.

Te pido, Hado, que libres mis cadenas

y alivies el dolor de un mal venido;

que el resto en paz y amor vayan unidos,

ensalces mi vivir y evites penas.

Así, pues, de impulsar estos vestigios,

servir en cuerpo y alma a sus Altezas

será cumplir la ley– no habrá litigios-

y harán de vida y muerte mi grandeza.

¡Oh, Suertes, os emplazo a este trabajo;

si nada hacéis de mí, la nada os trajo!

P. V. R.

El vals del poeta

Un adagio ha movido al ruiseñor

el trino del invierno consumido

se han llenado las ramas de otros nidos

y revientan los campos de verdor.

Una flor luce un palio de color

sobre el ocre sembrado revenido

es de rojo su tono muy subido

la silueta motivo de  esplendor.

Entonan los inquietos pajarillos

amor y desamor en rima y verso

endulza con su silbo el caramillo

en un vals de belleza al Universo.

Echado en la floresta, convencido,

el poeta confiesa que ha vivido.

P. V. R.

Preso de tu amor

Vivir amor quisiera por condena
pasión de ti, mujer, y sentimiento,
tu savia efervescente me encadena
soy preso de tu cuerpo en movimiento.

¡Oh dicha, hasta la muerte asumo pena…!
Fragancia es un manjar que en dulce aliento
en halos de tu voz, dúctil cadena,
me apresan de ambrosía a tu alimento.

¿Habrá un instante igual en el transcurso
intenso en proporción, justo y medido…?

¿Podré, mortal de mí, frenar tu impulso,
locura y frenesí por ti vividos…?

Doy gracias, hoy feliz, que en este pulso
esclavo de tu amor me doy vencido.

P. V. R.

!



Jardín de Viveros. Valencia

Generaciones


Él fue el primero que heredó riqueza.

Afín a lo legado en servidumbre

su esfuerzo le subió hasta la alta cumbre

llegando a ser la más nombrada alteza.

Su vástago adolece de flaqueza.

Postrado en cuerpo y alma en podredumbre

no hay vicio mundanal que no  vislumbre

y acaba siendo inútil en grandeza.

Ocurre a los imperios lo que al hierro:

primero se desgaja de la mina

después endurecido torna acero

y al fin, abandonado, se robina.

¡Vanaglorias, Enjundia, tu alto fuero

y no eres sino Fénix, fragua y fuego!

P. V. R.


Cabo Formentor. Mallorca

Corajes

Le llaman la corona de laureles

a aquéllos que subidos en la gloria

hicieron de su vida larga historia

llevándola encajada entre las sienes.

Rostrata es la corona de bajeles

impuesta al temerario cuya euforia

inscribe su valor en la memoria

y arrostra sin temor naves infieles.

La cívica es un círculo de encina

que otorgan al ilustre ciudadano

si a riesgo de su muerte salva vidas.

Así, Valor, se forja lo mundano:

los menos asociados con la muerte

y los más amparándose en su suerte.

P. V. R.

Interpretación de los sueños

¡Vuelves, oh inquilino sueño, de nuevo,
abriéndome las puertas de la mente!
Revuelves mi conciencia gratamente
poniendo un avestruz tremendo huevo.

Después, sin más razón, en bando suevo
guerreo contra el bestia más demente
armado con espada y con tridente
y al punto de trincharme lo degüello.
¡Pues menos mal que en este salvo el cuello!
En otro me ponías justo enfrente
en lucha contra un toro en cuya frente
sus cuernos me dejaron sin resuello.

Resuelvo: los dos huevos que acomodo *
y, de cine, el Hispano contra Cómodo.

*Dos huevos fritos acomodados en el estómago.

P. V. R.

Ruegos
Da igual decir Alá, que Dios, que Brahma
si el culto a la razón promueve al pacto
la paz acá y allá se desparrama
y todo se conviene en buenos actos.

Razón sería –y no objeto de drama-
que fuésemos en cultos más exactos
uniésemos del árbol  nuestras ramas
e hiciésemos de guerra y odio fastos.

Oriente y Occidente han litigado
en tiempos que se van de la memoria
en unos un lugar reivindicado
en otros como parte de la historia.

¿Conviene o no conviene hacer tratado…?
¡Triste historia, con más pena que gloria!

P. V. R.

En hombro ajeno


Si carga ha sido alivio de otras penas
remita a su postor lo recibido
que a necia recepción que no ha debido
inicua es la atención que admite apenas.

El lastre que a hombro ajeno se encadena
se acepta si el pesar es bien venido
por contra si es ardid mal convenido
grilletes no convencen a condena.

Así que del truhán que te importuna
-que ni es amigo y menos hace falta-,
de pobreza se llene de fortuna
y de villana su alcurnia luzca alta.

¡Atente, necio, si otra espalda has visto,
ni a cuestas lleva cruz, ni emula a Cristo!

P. V. R.

El viejo roble

¡Oh regio árbol de roble consumido,
en qué quedo tu prez tan bien llevada
erguido cual bastión en la ensenada
y en lienzos y paletas esculpido!

¡Aún, tardo madero, estás dolido
de la segur aguda y afilada
que a golpes de puñal te capolaba
dejándote a tal punto reducido!

Aplícate  a lo que la vida enseña:
Si el paso de los años te ha vencido
reducto de árbol fuiste, hoy sólo leña,
fogón de vanidad, roble caído.

¡Y todavía, altivo, muestras seña…
y no eres más que un poste carcomido!

P. V. R.

Crítica
La crítica si va bien dirigida
distingue a receptor y a mensajero
por contra si el mensaje atenta al fuero
de grado es baladí y mal recibida.

A veces el heraldo se suicida
punzado con su pluma y su tintero
y aquello que tildó de pasajero
se torna en la justicia merecida.

¿Rechazas el agravio y agraviaste…?
Pues ajo y agua si el agravio pica
¿Que herido de dolor te replicaste…?
Pues hazte replicado si replican.

Si pierdes en la guerra que empezaste
estudia al enemigo y te lo aplicas.

P. V. R.

Nadie es poeta en su tierra

Izó el pendón al viento libertario
a imagen de un marino en su goleta
llevaba un solo libro en su maleta
alguna ropa y las hojas de un diario

Le llaman Caballero literario
y ejerce con sus versos de poeta
alguna vez mostraba su silueta
leyendo junto al mar su poemario.

Se fue como la noche en luna llena
de paso entre claror y oscuridad,
atrás quedó el neón, la mar serena,
el banco de la playa y su humildad.

Grabada en la madera hay una pena:
“¡La sangre de un poema es mi ciudad!”.

P. V. R.

Doctorados
Si tardo me empeñé con la lectura
doy fe que ha sido y es empeño grato
desdeño rescindir letras y trato
y emplazo a este deber mi sepultura.

Doctor en construcción y agricultura
-trinchete en ocasión, paleta a ratos-,
de vid y del ladrillo hice relatos…
¡y en ello grado medio de cultura!

El tiempo, tan precioso y tan preciso,
me dio pluma, tintero y escritura,
y puedo asegurar-y soy conciso-
que tengo asegurada asignatura.

De todos mis oficios haré inciso:

jamás me arrepentí de mis facturas.

P. V. R.

Reivindicando aceras

¿Seré el más iluso de los mortales
-con poco juicio y menos moral propia-
creyendo estar más cerca de la inopia-
y más lejos del cuerdo y sus cabales…?

Realícense encuestas peatonales
de aceras o calzadas por parroquias
y verán mayoría en Demoscopia
ganando los viandantes a raudales.

¿Por qué, entonces, cedemos al sistema
llenando nuestras vidas de humo y ruido…?

¿Por qué nos alienamos- es el tema-
y entramos como autómatas imbuidos…?

Postrado quedo al juicio de mi lema,
no sé si loco o cuerdo distraído.

P. V. R.

Oprobio


No hay dolo más durable que una ofensa
que en llaga que no sana se ha enquistado
aflora en el recuerdo a su cuidado
y daña cuanto más veces se piensa.

Ultraje que no ha optado a su defensa
remuerde la conciencia al ultrajado
y viene a ser un yunque golpeado
que nunca rechistó a paliza inmensa.

Dios te guarde del necio convencido
que  altivo se enaltezca en grande fama,
su triunfo desalmado padecido
lo sufre quien le teme y quien le ama.

La llaga que en oprobio haya venido
ni a vivo sana, ni a muerto difama.

P. V. R.

Midas

Ahí tienes, Midas, tu gran tesoro
mostrado en el banquete al que convidas,
¿y aún, necio, no sacias de comida
la gula terrenal que cubre tu oro…?
Dionisos por tu enjundia y mal decoro
a todo lo que tocas quita vida;
mutando lo vital a inerte, Midas,
tu misma hija es motivo de deploro.

Quisiste cornucopias y palacios
pedidos a tu antojo al gran divino
a cambio has conseguido bienes lacios
que Baco, a ruego tuyo, así convino.

¡Pactolo, igual en fama al oro tracio,
te debes a Dionisos, dios del vino!


P. V. R.

Vías

¡He aquí, Augusto, reductos de caminos,
hoy de asfalto y ayer de ripio y laja,
que cubren desde el Betis al Adaja
las rutas de viajeros peregrinos!

Quien fuera centinela en recio pino,
ayer sombra de carro, mulo y paja,
hoy fonda de postín de alcurnia baja,
caverna vodevil de vicio y vino!

¡Augusta fue tu Vía legionaria,
al punto goda y mora dividida
y actual senda mudéjar Espartaria!

¡Batallas ya ganadas, ya perdidas,
se dieron en tus rutas milenarias…
la historia las recuerda o las olvida!


P. V. R.

Desprestigio
Si al punto lo vivido fue exigente
en ganas de vivir fue convertido
desnudo vine al mundo, hoy vestido,
¿qué más puedes pedir un penitente…?

Villana y malaje sea la gente
que lucre con dinero corrompido
pues no deja de ser un mal sentido
querer vivir a costa del de enfrente.

Artero que sin honra se enriquece
la causa de su acción le ensucia y nombra;
si al punto la justicia languidece,
dirás que ni hay razón, ni hay ley,  ni hay honra.

¡Temis, la venda que en tus ojos crece,
cuando recobra luz, se envuelve en sombras!

P. V. R.

Mocedades


Del labio superior resume el bozo
el cambio juvenil a edad madura
en curvas se modela la figura
y moza es a mujer lo que hombre a mozo.

Divina pubertad que en un esbozo
refleja sentimientos de locura,
amor de mocedad hermosa y pura,
pasión, adoración y enorme gozo.

Se entregan ambos labios no formados
al ansia del aliento que les llama,
los talles permanecen apretados
y en versos de candor: ¡te quiero…! ¿Me amas…?.

¡Se han ido, amor, los años tan soñados

recuerdos imborrables los reclaman!


P. V. R.

Castillo de Xàtiva

Anclado al roquedal pende un castillo

excelso mirador del verde valle

portones de encinar, regio pestillo

y un muro hacia el abismo ciñe el talle

Bastión cartaginés, cambió a romano

al godo cobijó, luego a beduinos;

de media luna a cruz mudó la mano

y el gran Conqueridor pobló vecinos.

¡Calló la arenga, detúvose la lïd,

la sangre dio su savia a los jazmines…!

Destierra con su harem el adalid

y el galo rinde paz con sus delfines.

Mas, ¡ay!, arrojan su historial a un pozo,

los Borgia y sus desmanes por el gozo.

P. V. R.

El sueño de Pigmalión

En la bruñida noche claroscura

la huella de un perfume me encadena

vesánico me entrego a su condena

y al brete que seduce una figura.

Me llega una mirada, ¡qué locura!,

el  lance del vaivén de una melena

un dulce contoneo de sirena

y el son de unas pisadas de dulzura.

¡Oh aurora boreal de plata y rosa!

¡Oh trémulo esplendor, candor diürno!

No halló un rincón el día en retenerte

ni ocaso ensombreció flor más hermosa;

en sueños Pigmalión rogó a Saturno

y el mármol transformó su vida inerte.

P. V. R.

Perfume

Gotas de perfume

ávidas se unen

al caz de tus senos…

¡Hermosa fusión!

P. V. R.

El diablo con piel de cordero

Amigo tiende tu mano…

-Y le ofreció hasta su alma-

Que no hay traición más amarga

que arrebatarle a un amigo

a la mujer amada.

P. V. R.

 


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27-Jul-2017

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