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Los galgos

Tu, tuuut. El cornetín del conserje de la escuela se oía a lo lejos. Los chavales al percibir el aviso corrían con desespero para no recibir el correspondiente rapapolvos del vigilante. Éste, a regañadientes, recibía a los rezagados con mirada increpante echando pestes de todo cuanto le venía a la mente; amén la familia, claro.

Todos los chavales del colegio tenían la obligación de sufrir los galgos. Era como un ritual por el que había que pasar, por las buenas o por las malas. Los tres amigos bromeaban en el recreo sobre la trama del gato mientras devoraban los chuscos. El bajito observó cómo un grupo de colegas de su misma clase, arremolinados, intentaban algo - y no bueno - bajo las sospechas de sus miradas, que iban dirigidas hacia ellos tres.

_ ¡ Jaro, date que me huele a galgos! _ alertó.

_ ¡ La madre que...! _ maldecía el pelirrojo temiéndose lo peor y echando a correr más que Juanito el Chinelo, el más alto y corpulento de la clase, que de pedazo de pan que era, la tomaron los críos del colegio con él y raro era el día que no le daban los “buenos días” tirándolo a un charco o restregándole el morro en tierra.

_ ¡ Ahí va ya! _ gritó el larguirucho sonriente.

El grupo de chavales al ver la desesperación que llevaba su compañero de clase iniciaron una persecución sin tregua. El Velas - Jacinto, alias el Velas, pues llevaba siempre los mocos colgando y sólo se los limpiaba a base de sorbidos - comandaba al grupo de algarazados. Aquello parecía una rehala de endiablados chavales a los que, para más inri, se iban uniendo también alumnos de clases inferiores.

Al pelirrojo ya lo tenían acorralado en un rincón del parque.

_ ¡ Venga! ¡ Venir aquí si tenéis huevos! - gritaba engallado.

El Velas, con talante chuleta, contestó:

_ ¡ Vas listo, Jaro! ¿Crees que entre todos no te vamos a dar los galgos?

_ ¡ Ven tú, bacín! ¡Tú y los demás si queréis, pero de uno en uno, como hombres!

Sin pensarlo dos veces, el Velas pegó un lametón a la altura de su labio superior, sorbió con fuerza los mocos que caían de su nariz y, en una embestida propia de un toro picado, gritó con fuerza: ¡ A por el Jaroooo!

El acosado lo recibió de un zurdazo a puño cerrado que fue directo de lleno a su nariz y se la reventó del golpe. El velas, echando sangre a borbotones, conmocionado por el puñetazo maldecía al pelirrojo:

_ ¡ Rojuzo, me has reventado la nariz! ¡Te vas a acordar para toda tu vida de este día y de estos galgos, hijo de ...!

No le dio tiempo  a terminar la injuria; los puñetazos, ahora, le iban a diestro y siniestro: a los ojos, a la nariz, a la boca... Jacinto el Velas todo era lanzar ganchos y directos, solo que al aire; pues el pelirrojo a pesar de que poco a poco quedaba inmovilizado por la prole de chavales, aún esquivaba los lances del mocoso y enrabietaba todavía más a su adversario. Una vez reducido el chico a la totalidad, le bajaron los pantalones y los calzoncillos y le rociaron con tierra y hierbas mezcladas con ortigas en sus partes más honrosas. De esta forma le cumplieron los dichosos galgos. Él, en cueros perdidos desde la cintura hasta los tobillos, despachaba  coces como podía soltando bramidos y espumarajos por la boca ante su incontinencia de rabia.

_ ¡Hijos de mala madreee! - maldecía y maldecía continuamente.

Los chavales en previsión a no llevarse alguna castaña perdida, en cuanto acabó el ritual, se iban soltando como podían y disminuían poco a poco la presión del reducido. Por desgracia Jacinto el Velas y otro encausado, también bacín donde los hubiera,  no andaron tan ligeros y reteniéndolos su agresor sujetos con su brazo por la cabeza, les dio de puñetazos hasta que ya no pudo más.

_ ¡ Le vais a dar los galgos a vuestro padre, desgraciados! - repetía mientras los cardaba.

Tanto el Velas como su compañero ya ni oían las maldiciones del pelirrojo; sus únicas preocupaciones eran desasirse de aquel brazote que les atenazaba con descomunal fuerza y salir huyendo como gallinas de zorra: Y es que, como en otras muchas ocasiones, el peso del mando les hizo morder el polvo en la batalla.

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17-Dic-2018

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