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poema2

 

Tu pelo

Cairel dorado que a locura llama

elipse frágil, brete prisionero,

rebenque dulce, golpe lisonjero,

fanal perlado cuyo pecho inflama.

 

Tocado agreste que al Favonio clama

sargazos, sal y mar, crin de velero,

poema musical, loor marinero,

blasón en la mayor tu prez reclama.

 

A un lance de melena se desnuda

el chorro erubescente de tu pelo

cañones en tropel uncen tu cuello

y el bronce de tu nuca en oro muda.

 

En sueño o realidad seduce un celo

y al punto entre mi rostro... ¡tu cabello!


 

Pigmalion


En la bruñida noche claroscura

la huella de un perfume me encadena

vesánico me entrego a su condena

y al brete que seduce una figura.


Me llega una mirada, ¡qué locura!,

el  lance del vaivén de una melena

un dulce contoneo de sirena

y el suave caminar de una criatura.


¡Oh aurora boreal de plata y rosa!

¡Oh trémulo esplendor, candor diurno!

No halló un rincón el día en retenerte

ni Ocaso ensombreció flor más hermosa,

si acaso Pigmalión rogó a Saturno

cincel se hizo una voz, vida lo inerte.


Amor bajo la luna

Avísame cuando tu faz de plata

anime al ruiseñor su dulce canto,

mi musa a tu fulgor reluzca tanto

y el labio resplandezca de escarlata.

 

Avísame cuando su piel mulata

descubra el caz entre su raso manto

y en tul bodoque bella flor de acanto

reduzca a la pasión que me une y ata.

 

Combinan sobriedad junto a belleza

y en curvas perfecciona la figura;

aliento de pasión, loor de embrujo,

eterna sumisión, fémina alteza.

 

Troquel vino y amó, y amó locura;

el molde que dejó, dejó tu influjo.

 

Amores y desamores

El nimbo pedestal de una mirada

al maduro templa y al débil hiere,

razón que por ventura al punto muere,

señuelo de pasión enamorada.


¿No ves, Ninfo, tu prez desvalijada

y un fuero seductor que nadie quiere?

¿Y tú, gañán, no intuyes que prefiere

al firme corazón huyendo de tu nada?


Los amores como vuelos de vencejos

migraron con sus idas y venidas,

los más conjuntaron en sus vidas

los menos fueron yermos sus concejos.

¡Ya se venció tu pulso áureo, Midas,

abdica al encelado tus consejos!

 

 

Solo en la madrugada

Andaba por la calle oscura y empinada

holgando en los tugurios con pluma y un tintero,

papeles en desorden y un libro forastero

servían de consuelo a la adusta mirada.


Le llaman el Poeta que halló la madrugada

debido a su silencio por seña y compañero;

los guantes de mitón, el tres cuartos de cuero,

la boina de costado, la cerviz corcovada.


Envuelve en el librillo la hebra perfumada

y enciende el cigarrillo la llama del mechero…

De pronto para y piensa… ¿Hipócrita o destino?

¡La fama del poeta... qué lujo tan austero...

el flujo de la tinta... la musa enamorada...

la ansiada soledad y un buen vaso de vino!


Dido

En el atrio broncíneo de tu torso

felibres labios citan un poema

el hombro desnuda su aroma a crema

de pétalo nubio y sargazo corso.


Asoma en el dintel  sinuoso dorso,

pelo zaino, faz tersa y ojos gema;

esencia natural, belleza extrema,

espejo en que mirar, luz de  lo hermoso.


Reventará la mar su furia brava

en llantos de dolor y amor prohibido.


Rebelarán tinieblas tirio celo

huyendo del real la reina esclava.


¡Oh, gétulo sagaz...! ¿Burlas a Dido?

En tiras de buey su reino es tu suelo.


La dama altiva

En clave de un sutil asueto sigo

absorto a una mirada grata y pura

la espera se hace larga si me apura

y torno a revivir estar contigo.

Intuyo un taconeo, lo persigo

y arribo a un contoneo de locura

me azota el elixir de tu hermosura

y al punto la mirada que consigo.

Con mueca de desdén, mirada altiva,

reducto de pasión es quien te observa

puñal de corazón tu dulce fuego

locura de ilusión, fatal deriva.

Mas, ¡ay! del desdichado que reserva

la dote de su amor a un fútil juego.


Mujer

Irrumpe desde el mar céfira brisa

y el suave balanceo de un velero,

retrato que se antoja pasajero

si al punto no aparece tu sonrisa

 

Desnúdase el ojal de tu camisa

glotón al gusto y trato lisonjero,

el busto ve la luz, muestra altanero,

sumido a tu merced su guiño avisa.

 

¡Aroma, suavidad, sueño, vivencia;

pasión sin condición, mujer, te llamas!

¡Quien te ama, vive Dios que vida goza,

quien sueña, vive Dios que sueña ausencia...!

Del más precioso nombre entre las damas,

razón por que vivir, su fama  esboza...

 


Otoño en Gúdar

Ya mueve al orfeón la faz del viento,

nocturna serenata, voz aguda,

el olmo a sus azotes se desnuda

acorde melodía en movimiento.


Destella el infinito firmamento

un orco de negror, estampa muda,

al punto un resplandor alumbra a Gúdar

en plata difusión, perlado aliento.


Es tiempo de berrea, brama el ciervo,

y el ánade prepara su partida.


El pueblo, apenas cuentas de neón;

y anclada al farallón, tal cual un cuervo,

destaca una muralla que, abatida,

recuerda más que a alcázar, panteón.


Somnium


Acude en un pareo que tortura

y un aura perfumado me seduce

el tallo y una  flor su pelo luce

la crin ensortijada azota y cura.

 

Un lecho de sargazos se conjura

al peso que liviano lo reduce

el sol rinde favor, furioso luce,

el baile de sus senos, ¡qué locura!

 

Prendido a su mirada un embeleso

me llega, hiere, vence y avasalla;

mohín sonrisa y garbo al fénix sube,

amor pierde razón y exige un beso.

Conspira la atracción, la duda calla...

y en vuelo un día más, sueña mi nube.

Ya caerá la breva

Tendido panza arriba un tal Fartera
observando de Newton   su trabajo
pretendía que el fruto de un colgajo
cayera sin moverse de la higuera.

Pasaba por casual una lechera
cargada como un burro hasta el refajo
y al verlo allí acostado tan pingajo
le vino a comentar de esta manera:

¡Vago Fartera…!, ¿caerá esa breva…?
Pues no es tal breva -dijo-, que es más higo.
Soltóse el fruto al punto de su leva
cayéndole directo al enemigo
y un joven palomino haciendo prueba
llevósela ensartada con su pico.

Así pretende alguno hacerse rico
creyendo que la suerte es compañera

haciendo de su vida una quimera.

 

Horrenda casta

Sumas, Pluto, herrumbres de estulticia

en pos de tu fortuna hecha tesoro

no cabe para ti ningún decoro

si despojas honra y tu usura vicia.


Muestras, orondo, empachos de codicia

con lujos de alta gama y bufos de oro,

galeote sin patente a comodoro

vil corsario, burlón de la Justicia.


Ladrón de guante blanco, horrenda casta,

prior inquisidor del desahuciado,

reniegue el Tribunal tu espurio fuego

y el mazo acusador decrete, ¡basta!


Justicia es desahuciarle al aforado

fortuna, rango, honor y sucio juego.


Alma de poeta

De

dónde

habría

de pensar

mi pobre ingenio

llegar a versar

la rima y el poema

sin apenas poemarios

-que son fuentes en que beber-

si tomando por duro adversario

a mi sucinto y autodidacta ego

procuro después el arte y buenas formas.

Si el poeta bebe de otras fuentes normas

por fuerza medirá del buen maestro

horma y templanza en sus poemarios;

tinta influyente de prestigio

que mermará en el futuro

inspiración e ingenio

a la poética

del corazón;

que son alma

y verso

como

fin.

Desprecio a la vida

Si aliado de su suerte

un ser tan miserable y tan villano

decide a vida muerte,

si necia fue su mano,

desprecio a quien lo ensalce por ufano.


Paraíso perdido

Recuerdos imborrables de memoria

me llevan a un pinar y su viñedo

a un nombre de lugar, Villarrobledo,

el cual llevo en mi pecho en honra y gloria.

La Raya era un molino con su noria

que el Záncara movía inquieto y quedo

lucía su figura en un roquedo

la sombra del pinar era su novia.

Se fue este paraíso, Vadohondo,

la playa en una mota de Castilla

un seno puro azul de de hermoso fondo

vergel en las estepas de mi villa.

¡Ay!, a mi regreso… ¡Villa sin roble,

sin noria, sin pinar y un río pobre!


Nostalgias


Un frío intenso se enquista en el invierno.

Los niños se dirigen al colegio  rompiendo el hielo de los charcos;

esos mismos charcos que a la mañana siguiente vuelven a estar helados.

Una gorra de escay con orejeras y unas botas de piel, forradas de borrego,

son armas maternales de soporte junto a bufandas y guantes de lana.

El sol apenas se parece al reflejo de la luz en un espejo;

su manto de calor se estampa contra el muro de la lejanía

y ni tan siquiera llega a apagar las sonrosadas mejillas colegiales.

Un niño que nunca ha visto el tren se apoya en la enrome barrera metálica

hasta presenciar el paso humeante de la mole y los vagones.

Dice que vive en una aldea y que es su primer día de colegio.

A la tarde, casi caída la luz, a paso vivo, cubre ocho mil metros hasta la aldea;

tres o cuatro semanas después deja de ir al colegio: ¡hombre de campo!

Son tiempos de convivencia y amistad:

domingos de ir a misa (misa de exfeligreses convertidos),

cine de indios (Winnetou y Lex Barker con sus guerreras de flecos),

fútbol de segunda división,

merengues,

paseos del parque a la plaza…

Tiempos cristalinos, puros:

cielos estrellados, ríos vivos,

campos escarchados, níveos;

flora y fauna a los cuatro vientos;

ganados, bestias y carros…

Tiempos de fiabilidad: fía el tendero, el panadero, el lechero, el zapatero…

Se fía de vecino a vecino, “dejo la llave bajo la esterilla”; no hay mirillas.

También tiempos duros, de poca agua caliente y mucha roña;

de escasez  de jabón y firme alianza entre piel y piedra pómez en el verano próximo.

Son, en sí, nostalgias que rememoran el pasado; y cuando uno

se pregunta si el precio a tanto bienestar

merece la pena, el subconsciente lo devuelve a la nostalgia.


El ave Fénix

Viene a la memoria ahora

un suceso acontecido

en un erial elegido

entre la noche y la aurora.

Prendida una zarzamora

por dos recios lugareños

echando luego unos leños

aliviamos el hastío

de aquel invierno tan frío

unos villarrobledeños.

Las pavesas reventaban

entre el rojo y amarillo

dando luz y dando brillo

a unas aves que bajaban.

En picado se lanzaban

hacia el fuego embravecido

llegando al punto vencido

dando un giro regresaban.

Uno que a la lumbre estaba

da fe del hecho vivido.


Conformismo

En más estima la prudencia al brío

de ser uno lo que es, y no hay más cuenta,

se llega a comprender si a los cincuenta

se afana en navegar el mismo río.


Lo mismo que el calor releva al frío

la vida ora es alegre, ora es cruenta

discurre hasta que el tiempo la revienta

y llega a ser lo que es, un desafío.


¡Disfruta con tesón en el amor

colmado de placeres y de dichas!

¡Arranca de tus penas el dolor

si viene atormentado de desdichas!

¡Recuerda: salud, amor y dinero...

dispuestos a  elegir, sobra el tercero!


Triángulo

 

Triángulo cojín, matiz mundano,

lujuria entre la seda perfumada,

señera sin igual, piel emboscada,

locura o prohibición del orbe humano.

 

Modelo de vanguardia y de lo arcano,

tu caño es quinta esencia consumada

soberbia miel de flor, fruta granada,

la cumbre a lo sublime o lo profano.

 

¿En qué razón, qué base sin defecto,

atrapa, allana, vence y sacia al seso...?

¿Cómo algo tan a punto a la visión

aturde y maravilla con su efecto...?


¡De ombligo hasta las ingles gima el beso

y hundida en mis cabellos... tu pasión!


El reencuentro de Odysseo

Pasea cabizbajo por la arena

absorto en infinito pensamiento

su imagen junto al mar que le encadena

las greñas fustigadas por el viento.

 

Movido por un canto de sirena

la paz se torna en vivo sufrimiento;

al punto, su voz le arrulla y serena:

¡Odysseo... cardo, hilo, tejo, miento!

¿Hasta cuándo podré vivir cautiva...?

¡Si quiebro el tapiz, toman tu domeño...!

 

Calma, mujer, tu llanto a la deriva...

Atraque, muera el rival, reine el dueño.

Creyendo ver en Ítaca a su diva

en Libia despertó del dulce sueño.

 

La dama solitaria

Columbra entre cendales de locura

mirando en lontananza a la arreciada

sabiéndose de todos observada

le llegan pensamientos de tortura.


¿Adónde tu marinero, criatura...?

¿Adónde el estandarte de su amada...?

Sobre el farallón, fija su mirada,

descubre una barcaza de bajura.


¡El mar brama con estridente ola!

¡Tensa la jarcia, insufla la vela!


Junto al espigón  un barco varado,

llantos de dolor y una dama sola;

un viejo alcatraz que apenado vuela;

un parche en la vela, un nombre tapado.


Helena o elogio a la gloria

Áurica diadema recoge sus cabellos

Paris priámida al verla se enamora

abre sus ventanas las luces de la aurora

y huye la espartana de súbditos plebeyos.

La ira en sus ojos, venganza a destellos,

brama  Menelao: ¡en qué mala hora,

Príamo, engañas de forma traidora!

¡Mil naves de Grecia caigan sobre ellos!

La playa revienta henchida de naves

y al grito de guerra Aquiles arenga:

¡Bravos mirmidones, muerte o victoria!

La ker por doquier, graznidos de aves,

y un señuelo vil que a los griegos venga.

¿Historia...? ¿Ficción...? Elogio a la gloria.

 

La huida a Egipto

En esta huida cruel que aflige al llanto,

amor se ha ido y en  herida llaga,

locura irrumpe,  sinrazón divaga

y al cabo todo queda en desencanto.

 

Querrá otra musa emular tu canto

con canoro olor cuya esencia embriaga

mas, ¡ay!, ni paz, ni sombra más aciaga

querrá clavar puñal hiriendo tanto.

 

Bebí en los labios cuya suave brisa

me hizo naufragar en tus brazos tibios,

lazo pudo amor, nudo atrajo al verso

y el tiempo se fue demasiado aprisa.

 

Recuerdo la luz de tus ojos libios,

tu pelo, tu faz y tu cuerpo terso.

 

Curriculum

Al párvulo sentido de la vida

le sigue un amorío desbocado

valor modera al paso firme dado

razón y madurez la consolida.


Bastante de la edad ya consumida

con nieve reafirmada en el tejado

el muro más que sólido baldado

la base inconsistente y aturdida.


A ensueños de Quijano y aventura

el peso de la edad endulza o daña;

ayer se fue, hoy ya pide la cuenta,

mañana que decida la ventura.

Yo soy quien fui, mi fuero es mi calaña…

Lo que queda... reductos de cincuenta.

 

El valle de las mariposas

La Selva de Alcalá tiene un paraje

tan Virgen como el nombre de su Vega,

invierno con su manto lo enjalbega

verano lo verdea con su traje.

En tan multicolor bello paisaje

la danza en un  ritual vence y doblega,

un vals de flor en flor al valle anega

de ninfas saltarinas con su paje.

El páramo deshiela y ennoblece

al ciclo natural adormecido,

la noche ya oscurece o resplandece

en negro sideral o en áureo brillo.

En nota discordante un solo ruido,

circunda al farallón y a su castillo.

 

 

Ciclos

Aromas de azahar arrastra el viento

mecido en una brisa persistente

el sol reclina rayos a poniente

y arrostra su declive soñoliento.


Si huraño ha sido marzo polvoriento

abril inunda fértil la simiente

con mayo preña de agua el afluente

y viene a dar a luz al río lento.


Endulza su poema la fontana

tocata melodía y fuga argenta,

ensaya el ruiseñor, modera el mirlo,

y muestra sonrosada la mañana.

Parnaso musical, obra opulenta,

deber es preservar, grato es oírlo.

 

 


Odín

Hoy ha sido un día muy triste,
las lágrimas han humedecido 
demasiado nuestros ojos.

Redoblarán los escudos
y se oirán cantos rúnicos 
entre los fiordos del 
Grao Viejo saguntino.

Aún recuerdo tus andares retoños
moviendo la colita
en busca de una vida.
Confieso que has vivido,
que has dado más vida
y que hoy tu pérdida
la lloramos de todo corazón.

 

 

A pendón herido

La furia que a pendón herido pide
ni para a dar razón, ni frena impulso,
no quiera bravo alguno medir pulso
pues clama a descalabro lo que mide.

Da igual la  convicción que la decide:
amor, ultraje, riña, tema insulso…
si el trato de la lid suena a convulso
augura un mal final, más si coincide.

¿Qué mueve a furia intensa tal locura?
¿Pasión, engaño, afrenta, desengaño…?
Difícil comprender…  causa perdida.
Arrojo que a razón turba y conjura
si el fiel de la balanza apunta al daño
o priva al infeliz o allana vida.

 

Venus y Adonís

Mil cántaros de lluvia precipitan
y asperjan como adagios desde el cielo,
livianos se suicidan en su pelo
y en suaves arroyuelos resucitan.

Dos caces de sabrosa agua le  invitan
al goce de sus labios  con recelo,
sus senos de turgente caramelo
erguidos aguacales que levitan.


¡Un cruce de miradas perpetúa..!
¡El brillo de los  ojos se apodera...!
¡Un dardo compartido agudo clava
e hiriente un gran amor de gozo actúa!

Volátil, como el agua pasajera,
se aleja de Adonís la amante esclava.

 

Juegos de pasión

 

Hoy descorre su faz la luna pura

y el tálamo chirría entre pasiones

el raso se desnuda de prisiones

despojan seda y tul dulce hermosura.

 

¿Habrá, mi amor, más punto de locura,

más ganas de vivir, locas razones

romance carne-piel, hondas fricciones

placer de cabo a fin, sin par conjura?

 

Vendrá la aurora a detener el fuego

en tránsito fugaz que eclipse al día,

amor demanda tregua y capitula

vencida la pasión termina el juego.

 

Ahitados de tan dulce melodía

la noche, aunque dormida, ya especula.

 

El trepa


Querrás, en panegírica elocuencia,

loar a quien la historia desmerece

sentar memoria en quien deshonra crece,

votos sumas unido a la indecencia.


Tendrás, vulpes, valija en presidencia

en grado del botín que se te ofrece,

mancilla y robo de tu honor carece

contrariar orden tu mayor licencia.


Así, Justicia, lucras oro  al  oro

y allanas con tu fallo a quien discrepa,

silencias leyes aumentando rentas

y lacras pueblos sin mayor decoro.


¡Dirás, honesto el juez que enjuicia al trepa,

desahucia su botín y ajusta cuentas!

 

Licenciado en Harbard-cete

 

La patria de un Virrey -que fue Morcillo-

convino ser mi cuna y mi partida

y a fe que no hubo tierra más querida

en ojos de muchacho o de chiquillo.

 

Un árbol de morera su castillo

un patio y un corral juego y guarida.

de un barrio y de un lugar nada se olvida,

razón de vida han sido, ¡lo apostillo!


¡En Harvard licenciado y sin oficio...!

-Barranco Cafetero sentenciaba-

¡No mientas, Harbardcete, so tarugo!

Sin grado medio o bajo -mucho en vicio-

Cun laudem Celtas cortos graduaba...

 

¡Carrera tienes, Paco, acata el yugo!

 

Éxodo

 

El tren de la esperanza se retrasa

camino a alguna parte.

Atrás queda el horror en lastres de sangre y muerte,

travesías de sangre y muerte,

ilusiones lastradas en paraísos de injusticias.

Y el mundo, a través de sus cajas de cristal,

desayuna, come y cena telediarios de lágrimas,

gritos donde nadie oye,

desgarros de almas desesperadas.

Occidente calla, aunque otorga sus ayudas al silencio,

y el Cielo... inerte.


El guardián del prado

Si buscas, ¡oh sol!, flor más acendrada

que irradie con su luz suma hermosura

alúmbrale con tu oro a la llanura

y en púrpura hallarás flor destacada.

 

En céfira irrupción la mies dorada

inicia un balanceo de locura

revienta de estridor la nube oscura

y acude una frescura perfumada.

 

Esbelto el ababol muestra su talle

uncido en rojo vivo en la guerrera

polainas bien fijadas sobre el valle,

la cota de escarlata y negra borla.

 

Flagrante centinela de pradera,

si a Santiago guía, a su cruz orla.

 

Poetas

 

A musas y al entorno colosal

recitan los poetas rima y verso

da igual tema pagano que converso

su impronta graba a fuego y curte a sal.

 

Etérea cultura universal

se rinde a lo sutil y a lo perverso

esclava a lo sublime o lo diverso

su brete es como pétalo a rosal.

 

Parnasos de memoria han hecho gala

con loores a vates y a rapsodas

su culto es un deber de alcurnia y gloria

que cuanto más se lee, más lo avala.

 

Dirás, quien trova al mundo con sus odas

a palmo tiene el pulso de la historia.


In memoriam de un ser muy querido)

Abrazo de amistad, puntal fraterno,

a quien pidió favor favor le hiciste

al que gozó tu honor honra le diste

memoria dejas mundanal o eterno.

Ya se apagó tu luz, llegó tu invierno,

en postrer día que aún tristeza asiste

maldito el golpe cuya vida embiste

mal trato, mal favor y mal gobierno.

 

Si el gozo terrenal te ha sido leve

en paz descanses placentera gloria

recuerdo deja tu presencia y nombre

vacío inmenso, soledad notoria.

A la par de Dios y a su imagen, hombre,

al Cielo eterno, y a la tierra... breve.

 

Amanecer

 

Repica en el jardín canoro trino

y exhala el almohadón un dulce encanto

aviva el silbo melodioso canto

destilan lirio y rosa olor divino.


Desciende del alcor curvo camino

y en alas la legión de verde acanto

desliza el arroyuelo un leve llanto,

chirría el cangilón, rueda el pollino.


Un golpe del visillo en suave brisa

despierta y amanece a un nuevo día

en oro un haz de luz tu rostro luce

y enciende, sonrosada, tu sonrisa.

Un beso renovado me seduce

y al punto en tenue voz, ¡amada mía!

 

El baño de Artemisa



El suave ábrego descorre con su brisa arreboladas nubes.

Diana acude, movida de un embrujo, a los rayos púrpuras del orbe.

La aljaba pende hasta la cintura desde su hombro desnudo,

en la zurda, un arco de cedro y empuñadura de marfil asido con fuerza.

Un cendal transparente muestra a la escasa luz perfiles piel-oricalco,

se acerca al espejo del lago y apenas distingue su reflejo, poco a poco cierra la tarde.



Un caballo alado piafa sobre una roca húmeda,

aún siente en su lomo los muslos suaves de la amazona;

un golpe de su casco levanta esquirlas de cuarzo y brota Hipocrene, fresca, virginal...

Al instante, desde el Helicón, afloran rayos de plata diáfanos, ansiosas cornucopias.

Despoja la aljaba, descansa el arco sobre la roca de dulce caño y libera gasas...

Jazmines y nardos mezclan aromas y se funden en el perfume de su piel;

descalza, abierta al embrujo espectro de la semioscuridad, acerca la silueta

hasta el estanque.

Eros, entre la maleza, trenza en sus dardos bellezas y humores exhalados...

conjuras de amor.

La diosa despereza, frunce la mata de su pelo, libra el cuello, la nuca... inclina, zarandea.

Su reflejo la atrapa, libre... contonea la silueta circundando la orilla, se para, se observa...

Una gota cristalina

cae y forma círculos acuáticos de diminutas ondas

desde el arqueado sauce.



El Olympo vibra entre deseos y celos... Silfos, sátiros, centauros...

Una coral de musas concierta entre arcos de liras y caramillos, danzan ánades, los mirlos recitan canoros silbos entre las hiedras...



Un relincho de Pegaso reduce ... Conspira el silencio.

Asalta la inquietud, vigila la duda... Un zambullido desvanece el todo.

Confabulan luna y bóreas y un tupido velo de turbios nubarrones acude a la desesperada,

la noche amplía su espectro entre adehesados halos de oro-plata...

Un rastro de florecillas mancilladas muestran la senda deseada. Pegaso dobla sus patas,

nota el frescor puro de sus piernas en su vientre y el suave tacto de las manos asidas a sus caireles blancos.

Despega en un batir de alas entre estelas de luciérnagas y se constela.

 



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22-Nov-2017

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