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Poemario 3

En este bloque intentaremos incluir poemas escogidos por su nivel de erudición y por el calado universal de sus autores. Invito a participar a quienes estéis intersad@s en incluir poesías junto a la reseña de sus autores; por favor, añadir en vuestro correo electrónico "poe " (sin comillas) y remitidlo al correo electrónico Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla


Sonetos elegidos del libro "El Parnaso Español" del poeta Don Francisco de Quevedo y Villegas.

Soneto II

Enseña cómo no es rico el que tiene mucho caudal

Quitar codicia, no añadir dinero,

Hace ricos los hombres, Casimiro;

Puedes arder en púrpura de Tiro,

Y no alcanzar descanso verdadero.

 

Señor te llamas, yo  te considero,

Cuando el hombre interior, que vives, miro,

Esclavo de las ansias, y el suspiro,

Y de tus propias culpas prisionero.

 

Al asiento del alma suba el oro,

No al sepulcro del oro el alma baje,

Ni le compita a Dios su precio el lodo.

 

Descifra las mentiras del tesoro,

Pues falta (y es del Cielo este lenguaje)

Al pobre mucho, y al avaro todo.

Soneto III

Séneca vuelve a Nerón la riqueza que le había dado

Esta miseria, Gran Señor, honrosa,

De la humana ambición alma dorada,

Esta pobreza ilustre acreditada,

Fatiga dulce, y inquietud preciosa:

 

Este metal de la color medrosa,

Y de la fuerza contra todo osada,

Te vuelvo, que alta dádiva envidiada

Enferma la fortuna más dichosa.

 

Recíbelo, Nerón, que en docta historia,

Más será recibirlo, que fue darlo,

Y más segura en mí volverlo:

 

Pues juzgarán, y te será más gloria,

Que diste oro a quien supo despreciarlo,

Para mostrar, que supo merecerlo.

 

Soneto VI

El pecar intercede por los premios, prefiriéndose a la virtud

Si gobernar Provincias y Legiones

Ambicioso pretendes, ¡ohLicinio!,

Procura que el favor, y el desatino

aseguren de infames tus acciones.

 

No merezca ninguno las prisiones

Mejor que tú, pues cuanto más vecino

Al suplicio te vieres, el destino

Más te apresurará las elecciones.

 

Felices son, y ricos los pecados,

Ellos dan los Palacios suntuosos,

Llueven el oro, adquieren los estados.

 

Alábanse los hombres virtuosos,

Mas para lo que viven alabados;

Quien los alaba elige los viciosos.

 

Soneto VI

Qué desengaños son la verdadera riqueza

¿Cuándo seré infeliz sin mi gemido?

¿Cuándo sin el ajeno Fortunado?

El desprecio me sigue desdeñado

La envidia en dignidad constituida.

 

O del bien, o del mal vivo ofendido;

Y es ya tan insolente mi pecado,

Que por no confesarme castigado,

Acusa a Dios con llanto inadvertido.

 

Temo la muerte, que mi miedo afea:

Amo la vida, con saber es muerte,

Tan ciega noche, el seso me rodea.

 

Si el hombre es flaco, y la ambición es fuerte,

Caudal que en desengaños no se emplea,

Cuanto se aumenta, Caridón, se vierte.

 

Soneto VIII

Por más poderoso que sea, el que agravia, deja armas para la venganza

Tú ya, ¡oh Ministro!, afirma tu cuidado,

En no injuriar al mísero, y al fuerte;

Cuando les quites oro, y plata, advierte,

Que les dejas el hierro acicalado.

 

Dejas espada, y lanza al desdichado;

Y poder, y razón, para vencerte:

No sabe Pueblo ayuno temer muerte,

Armas quedan al pueblo despojado.

 

Quien ve su perdición cierta, aborrece

Más que su perdición, la causa de ella,

Y esta, no aquella, es más quien le enfurece.

 

Arma su desnudez, y su querella,

Con desesperación, cuando le ofrece

venganza del rigor, quien le atropella.

 

Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió

 

¡Ah de la vida! … ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.

 

¡Que sin poder saber cómo ni adónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la edad, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

 

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.

 

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño

 

¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?

Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.

¿Y quién, sino un amante que soñaba,

juntara tanto infierno a tanto cielo?

 

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,

cual suele opuestas flechas de su aljaba,

mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,

como mi adoración en su desvelo.

 

Y dije: Quiera Amor, quiera mi suerte,

que nunca duerma yo, si estoy despierto,

y que si duermo, que jamás despierte.

 

Mas desperté del dulce desconcierto;

y vi que estuve vivo con la muerte,

y vi que con la vida estaba muerto.

 

Soneto amoroso difiniendo el amor

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

 

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde, con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero parasismo;

enfermedad que crece si es curada.

 

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.

¡Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

&&&

Alfred de Musset, poeta francés del Romanticismo.

Rappelle-toi

(Vergiss mein nicht)
(Paroles faites sur la musique de Mozart)

Rappelle-toi, quand l'Aurore craintive
Ouvre au Soleil son palais enchanté;
Rappelle-toi, lorsque la nuit pensive
Passe en rêvant sous son voile argenté;
A l'appel du plaisir lorsque ton sein palpite,
Aux doux songes du soir lorsque l'ombre t'invite,
Ecoute au fond des bois
Murmurer une voix:
Rappelle-toi.

Rappelle-toi, lorsque les destinées
M'auront de toi pour jamais séparé,
Quand le chagrin, l'exil et les années
Auront flétri ce coeur désespéré;

Songe à mon triste amour, songe à l'adieu suprême !
L'absence ni le temps ne sont rien quand on aime.
Tant que mon coeur battra,
Toujours il te dira
Rappelle-toi.

Rappelle-toi, quand sous la froide terre
Mon coeur brisé pour toujours dormira ;
Rappelle-toi, quand la fleur solitaire
Sur mon tombeau doucement s'ouvrira.
Je ne te verrai plus ; mais mon âme immortelle
Reviendra près de toi comme une soeur fidèle.
Ecoute, dans la nuit,
Une voix qui gémit :
Rappelle-toi.

De entre todas las traducciones leídas de este poema, hemos elegido la que se expone a continuación por la posible belleza añadida al mismo.

Acuérdate de mi...

Acuérdate de mí cuando la aurora
al sol abra su espléndido palacio;
cuando extienda la noche soñadora,
su argénteo velo en el azul espacio;

y apenas tu albo seno vivo ardor palpite
y al apacible sueño la oscuridad te invite,
oye en la selva umbría
mi voz que llega a ti
diciéndote: ¡Alma mía,
acuérdate de mí!

Acuérdate de mí cuando el destino
separe de la tuya su existencia;
cuando herido me sienta en mi camino
por la edad, los pesares y la ausencia;
sueña en mi amor entonces, piensas en mí
adiós eterno
que el tiempo y la distancia harán más firme
y tierno;

y oye de noche y día
mi voz que llega a ti
diciéndote: ¡Alma mía,
acuérdate de mí!

Acuérdate de mí cuando sucumba
y duerma en paz bajo la tierra helada;
acuérdate de mí cuando en mi tumba
crezca una pobre flor abandonada;
piensa al no verme nunca, que mi alma sin consuelo
a conversar contigo descenderá del cielo;

y oye en la noche umbría
mi voz cerca de ti
diciéndote: ¡Alma mía,
acuérdate de mí!...

 

Nuestra traducción:

Recuerda al amanecer temeroso

cuando abre su palacio encantado,

recuerda cuando la noche pensativa

en un sueño bajo un velo plateado

con un tono de placer llega y palpita...

 

Cuando el abrazo azul de la noche

seduzca a la sombra que le invita

y entre el claro púrpura del bosque

un susurro de voz te busque y diga:

¡Acuérdate!

 

Recuerda cuando el destino nos separe,

cuando la tristeza, el exilio y los años

hayan marchitado este corazón desesperado

y pienses en mi amor triste y en el último adiós,

pues ni ausencia ni tiempo son nada cuando se ama.

Y aún sin latir, mi corazón te dirá:

¡Acuérdate!

 

Recuerda cuando en la tierra fría

en un sueño profundo para siempre

percibas el beso de una flor,

su aroma y su bella compañía.

 

Nunca te veré otra vez;

pero mi alma inmortal

se acercará hacia ti

con fraternal y devota

omnipresencia

para que en la noche

oigas el gemido de mi voz...

¡Acuérdate!

&&&

Mas poemas propios

 

 

Dulzura

 

Dulce néctar que fluye del labio,

gotas frescas de rocío...

Noche oscura,

hazte interminable,

y dure mi locura,

y nunca se acabe.

Duerman mis labios en tus labios...

Un sueño eterno... sobre pétalos rosas.

 

Testigos

 

Recuerdo los mayos en las fachadas,

las tontas miradas de las muchachas...

largos paseos, el parque, la plaza...

¡Qué de fugaces besos y tímidos abrazos!

¡Qué de labios tiernos e inocentes manos!

¡Ay, bancos oscuros, alejados, mudos...

Flor de cuchillo sobre tus maderos,

unos fingidos, otros verdaderos.

 

Miedo

 

Allá por la escueta Mancha

fue el Chichango un guerrillero

de faja y larga navaja

zamarra y ancho sombrero.


Igual quitaba a los más

que sustentaba a los menos

su fama extendía alas

en lo propio y en lo ajeno.


Contaba un viejo esta historia

en un casón labrantío

la noche larga y callada

auguraba sueño y frío.


Se hizo la noche bien larga

a tres mozos que la oímos,

mientras el viejo en la manta

dejaba oír sus ronquidos.

 

Etimología popular

 

Si del éxodo de Eneas

se formó el pueblo romano

y apellidos de mi tierra

son París, Beneyto, Caro...

¿sería un canto a la guerra

denominarme troyano?

 

Tiene por filosofía

mi querido pueblo llano

que en propia etimología

-no sin razón de valía

importa poco a la gente-,

ya en turco o en castellano,

diga villarrobledenses

a quienes fuimos troyanos.

 

Canícula

Canícula feroz, hachón candente,

si el yugo de color te abraza al oro

no dudas usurpar sin más decoro

el plata reluciente de la fuente.

Voraz colmillo y afilado diente

tu fuego abrasador rehuye el foro

barroco resplandor, falso tesoro,

corona sideral de este a poniente.

La mies a tu rigor dora su fruto

en tanto que el sudor bronce maldice

el golpe de la hoz la espiga tala

y el trillo pedernal cautiva al bruto.

Y así, mientras tu faz cubre su ala,

la noche y tus luceros nos bendice.

 

Por los que hayan (y no son pocos)


Si buscas, Elocuencia, sumo agrado

con dulce verborrea y timbre afable

no dudes que es tu tono miserable

quien rumia en el Congreso y en su estrado.


Jactancia mide alcurnia, trato y grado;

razón no cede un punto de loable,

que no hay rufián que tire mano al sable

y quiera al punto verse consagrado.


¡No niegues tu pobreza, si ahora rico,

presumes lo robado del erario

y muestras petulante tu tesoro!

Corcel que fue pollino es más borrico,

jumento asnal y burro itinerario...

¡Dirás: Pegaso soy, de rucio oro!

 

 


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27-Jul-2017

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